martes, 18 de diciembre de 2012

jueves, 13 de diciembre de 2012

Ansiosa de verte (Teresa de Jesús)

¡Cuán triste es, Dios mío,
la vida sin ti!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Carrera muy larga
es la de este suelo,
morada penosa,
muy duro destierro.
¡Oh dueño adorado!
sácame de aquí!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

 ¡ El amor mundano
apega a esta vida;
el amor divino
por la otra suspira.
Sin ti, Dios eterno,
¿quién puede vivir?
Ansiosa de verte,
deseo morir.

La vida terrena
es continuo duelo:
vida verdadera
la hay sólo en el cielo.
Permite, Dios mío,
que viva yo allí.
Ansiosa de verte,
deseo morir

viernes, 26 de octubre de 2012

Alergorías 3

Un año completo para escribir un verso.
¿Qué dirá aquél?
¿Hablará del animal torcido por la sal de la decepción?
¿Dirá que las travesías no terminan con el galardón en las manos?
Porque el héroe no ha de regresar cambiado.
Como Odiseo, quien se fue rey y regresó a serlo.

Anoche volví a soñar la tristeza. Me visitó en el estómago,
me hizo gritar. Pero, ¿dirá el verso nuevo?

Se me ocurre que aquel verso sublime que se me escapa
solamente debiera decir así:
 "Un año completo para escribir un verso."


martes, 11 de septiembre de 2012

lunes, 3 de septiembre de 2012

Versos de CAntares que me encantan

Mi amado pasó la mano
por la abertura de la puerta,
y se estremecieron mis entrañas.

Me levanté para abrirle a mi amado,
y mis manos destilaron mirra,
fluyó mirra de mis dedos,
por el pasador de la cerradura.

Yo misma le abrí a mi amado,
pero él ya había desaparecido.
¡El alma se me fue detrás de él!
¡Lo busqué, y no lo encontré,
lo llamé y no me respondió!

Me encontraron los centinelas
que hacen la ronda en la ciudad;
los guardias de las murallas
me golpearon y me hirieron,
me arrancaron el manto.

domingo, 5 de agosto de 2012

jueves, 21 de junio de 2012

La reina sin cabeza

Un día a una la coronan reina y, al siguiente, la cabeza rueda con todo y corona. Debí ser más Catalina, pero elegí ser Ana Bolena. Debí cuidarme más de Enrique VIII...

miércoles, 20 de junio de 2012

Los versos que supuestamente escribió Wyatt a partir de la decapitación de Ana Bolena

 Innocentia Veritas Viat Fides Circumdederunt me inimici mei (fragmento)
Thomas Wyatt

Estos días sangrientos me han partido el corazón.
Mi ansia, mi juventud y el ciego deseo de fortuna se han marchado.
Quien se apresura a encumbrarse sólo encuentra la caída.
En verdad, resuena el trueno en el reino.

 La torre de la campana me mostró una visión
Que se clava en mi mente día y noche.
Allí descubrí, a través de una reja,
Que a pesar de todo el favor, el poder o la gloria
Aún resuena el trueno en el reino.

En verdad te digo que allí entendí
Que la razón no ayuda en una defensa demasiado ansiosa
Por suplicar y clamar su inocencia.
Viaja ligero, y entrégale el timón a Dios.
Pues ciertamente, resuena el trueno en el reino.


(Traducción de En busca de Thomas Wyatt)


 
These bloody days have broken my heart.
My lust, my youth did them depart,
And blind desire of estate.
Who hastes to climb seeks to revert.
Of truth, circa Regna tonat.

The bell tower showed me such sight
That in my head sticks day and night.
There did I learn out of a grate,
For all favour, glory, or might,
That yet circa Regna tonat.

By proof, I say, there did I learn:
Wit helpeth not defence too yerne,
Of innocency to plead or prate.
Bear low, therefore, give God the stern,
For sure, circa Regna tonat.

jueves, 3 de mayo de 2012

Estrategias para espantar fantasmas 3

Entre los más temibles está el fantasma del trazo. El fantasma del trazo se dobla, se curvea, se tuerce resignadamente, se flexiona, se muda. Me engaña haciéndome dibujar a los hombros de Él como se dibujaría la forma de una grapa o de un corchete. Hombros arquitectónicos que, empero, sostienen una cabeza inclinada. No la inclinación que denota la humildad del santo, sino el ladeo de la negación. El trazo hace que vea en todos los hombres los hombros y torsos del hombre de la cabeza inclinada. Él.
     Es complicado saber cuándo y cómo llegará el trazo. Me cuesta saberlo porque el trazo tiene criterio, o parece tenerlo cuando aparece de súbito y se va. Es el engaño. El trazo es más rápido que la vista y más dedicado, por esta razón la firma de los pintores parece tan grave, tan aparentemente relajada y simple. El trazo milagrosamente se convierte en firma y alcanza así una de sus mayores perversiones.
     El trazo a partir de un hilo de sangre, se hace mancha; o a partir de un hilo de palabra deshilachada se hará tiempo detenido. El trazo también se hará imagen, un mapa, un teorema, el dibujo de una campiña inglesa o sueca, no importa, una campiña que nunca se ha visitado.
     El trazo traza caminos de llegada y de salida. El trazo me asusta por su capacidad intrínseca de transformarse. El trazo se imprime en la superficie cerebral y se hará aprendizaje inútil. El trazo se hace herida, se hace los hombros del hombre, jamás se ha hecho espalda de mujer, quizás se hará vello púbico o hebras de cabello. Pero los hombros, ésos son sólo los hombros de Él en los hombros de los hombres. Y su cabeza ladeada de hombre. Cabeza inclinada, manos sobre los bolsillos. Retrato de hombre con las manos en los bolsillos.
     No hay manera de parar al fantasma del trazo, por eso hay tantos dibujos, apuntes y pinturas. Ni qué decir del momento en el que el trazo se hizo palabra y formó vocablos terribles: como yo, como casa, como nuestro. Habría que implementar la estrategia correctiva de borrar el trazo o, al menos, de cerrar los ojos a su desastre. Cierre los ojos, como fue el mismo trazo el que cerró los ojos de los seres que duermen en las pinturas. Cierre los ojos al trazo que abre pozos peligrosos, al trazo que abrió ancha la boca de la faltriquera de Judas. Cierre los ojos al trazo que abre la boca grande que quiere alimentarse del otro.
     El trazo hizo que las cabezas de los que no son mujeres se inclinaran ante la impotencia de no ser hombres de cabeza enhiesta.

domingo, 25 de marzo de 2012

Estrategias para espantar fantasmas 2

Esta aplica para fantasmas que abusan de los efectos especiales y que repiten con alto volumen las plegarias de uno. Si el fantasma quiere abusar y no se va a pesar de rezar el Padre Nuestro, hay que darle a conocer un poco de determinación animal: alcáncele la mano y muérdale un dedo. No le gustará y es posible que se vuelva su amigo después de reírse. Es casi seguro también que le dará a usted fama de mordelón.
¿Y si ni mordiéndole el dedo se va? En ese caso, tome el dedo mordido y chúpelo. El dedo es el pretexto y la palanca para invitarlo a compartir el calor de atrapado entre el cuerpo y la sábana. No garantizo que se vaya de inmediato. Es mejor dejarlo entrar para compatirle sueños. Esto es lo único que se comparte. ¿Estárá comprobado que dos que duermen juntos sueñan las mismas pesadillas?

Estrategias para espantar fantasmas 1.

Verifique que ese desasosiego, esa inquietud, o quizás esa imagen de hombre o de mujer, esa presencia es, en efecto, un fantasma. No todos los fantasmas son viejos, algunos no escucharon el silencio de la tierra ni su constante hervor por destruirse.
Los hay, me consta, fantasmas que no tienen patas de gallo ni garras. Hay fantasmas de reciente formación. Percibí a uno en un calambre y en el ardor de un rasguño. Uno quiso escaparse del rollo de una película, pero no alcanzó a brincarme encima.
¿Es o no un fantasma lo que a usted aqueja? Si se lo ha preguntado, entonces, la respuesta es afirmativa.

martes, 7 de febrero de 2012

Tlaxcala azul

Era ya de necesaria noche, pero alcé la vista y vi el cielo de Tlaxcala, era realmente azul. No es negro como la noche defeña, ni hace eco como la noche celayense. Fue ésa una de tantas noches en las que recuerdo los versos de Miguel N. Lira que dicen:
"¡Cómo me duele el silencio
cautivo añil de las nubes!
¡Tlaxcala, cómo me dueles
con tus silencios azules!"

martes, 10 de enero de 2012

Briseida (3)

Briseida,
es ésta la tercera vez que te digo que no.
Yo creía que habías de ser tú quien me permitiera
volver a Puebla y Tlaxcala.
También te me apareciste una vez vestida
de tehuana. Esa vez sí jugaste conmigo, porque tú misma sabías
que odias el sol, por soberbio, por autosuficiente.
Pero esta vez, la tercera, tienes que saber que no.
Creíste que vendrías a vengar al árbol que pudo ahorcar
a quien te engendrara. Fue tu risa la que hizo caer más de un techo.
De nuevo existes, precisamente, porque te vas.