sábado, 7 de marzo de 2009

Uno de Sylvia Plath

Mi última autora favorita es Sylvia Plath. De ella, comparto este poema.

El aspirante
Para empezar: ¿eres de los nuestros?
¿Llevas ojo de cristal, dentadura postiza,
muleta,braguero o garfio,
pechos de goma,
entrepierna de goma,
costurones que muestren
que algo falta?
¿No? Entonces,
¿cómo podemos darte nada?

Deja de llorar. Abre la mano.
¿Vacía? Vacía: ahí va una mano
para llenarla; dispuesta
a preparar el té
y a dar masajes que ahuyenten la jaqueca,
y a hacer lo que le digas.

¿Te casarás con ella?
Viene con garantía
de cerrarte los ojos al final
y disolverse de dolor.
Sacamos caldo nuevo de la sal.

Observo que estás desnudo:
¿qué tal este traje?
Negro y tieso, pero no sienta mal.

¿Te casarás con él?
Es impermeable, irrompible, a prueba
de fuego y de bombas que hundan los tejados.
Créeme: te enterrarán con él.

Ahora bien: la cabeza la tienes vacía, con perdón.
Dispongo de remedio para eso.
Ven aquí, corazón, sal del armario.

Bueno, ¿qué te va pareciendo la cosa?
Está, para empezar, como un papel desnuda;
pero dentro de veinticinco años será de plata,
de oro dentro de cincuenta:
una muñeca viva, mires por donde mires.

Sabe coser, y sabe cocinar,
y sabe hablar, hablar y hablar.
Funciona sin averías.

Si tienes agujeros, será parche poroso.
Si tienes ojos, será una imagen.
Es tu último clavo ardiendo, muchacho.
¿Te casarás, te casarás, te casarás con ella?

lunes, 2 de marzo de 2009

Ya no quiero ser la heroína del cuento (parte 1)

Ella sostiene entre las manos la cabeza del héroe.
Toda ella fue un compás abierto que trazó la ruta de los astros.
Y desde ese punto hecho de huesos de la muñeca,
hecho de pubis,
sostiene al mundo.
Acróbata, contorsionista, de cadera rota.

Su cabeza de algodón
rezuma sangre, y sus ojos
ven -invertidos- los ya negros, varicosos y
agrietados
pies de Atlas.
¿Cómo era su rostro?
Ya lo olvidó.

Ni el gato, ni el mono,
ni el caballo, ni el hombre
son para ella el rostro-corazón
de los ancestros.

¿Cuándo girará para ponerse de pie?

Del agua perfumada que corre por la boca
y la nariz regará másárboles de Tara y, así,
Scarlett no morirá de hambre

No tiene trofeo, ninguno,
y si habrá de tenerlo será conservar entre la ropa
la pluma que preñó a Coatlicue
y en el busto, bien guardada, la cabeza de Perseo.