martes, 10 de febrero de 2009

Briseida. Entrega segunda.

Briseida sabe todo de mí.
Visita la casa de sus bisabuelos y regresa contándome
que un villista agonizó justo en el lugar donde mis padres
montaron mi recámara.
Ella es más celayense que yo; es más dulce y más olvidada
que Celaya:
es uno de sus fantasmas.

Sin ser madre, jugando a ser hija, sabe todo de mí.
Me llama torpeza, sabe que duermo sola
y que no hay más aceite para alimentar la lámpara.

Se ríe de mi risa. Está ahí para burlarse de mi ingenuidad.
No sabe usar la pastilla de jabón para lavarse la cara y la lengua.