jueves, 13 de noviembre de 2008

La verdad sobre mis amigos imaginarios


Es probable que todos hayamos sentido la tentación de no leer a los escritores jóvenes. No creer en los escritores jóvenes significa que no creemos en nosotros mismos. Noten que me atengo a la bondad de la palabra "jóvenes". El "divino tesoro" se nos escapa y bien que nos damos cuenta de ello. Mi psicóloga me da, al menos, una buena noticia, a partir de los 33 años las mujeres pasamos por una etapa creativa en todas (sí, todas) nuestras dimensiones. Estoy en espera -y en trabajo- de que los psicólogos tengan razón.

Por eso, me da gusto haberme encontrado con La verdad sobre mis amigos imaginarios, primer libro de cuentos de Adriana Azucena Rodríguez, profesora, crítica y buena gente. La Editorial Terracota presentó la colección en la librería Rosario Castellanos -en mi extrañada colonia Condesa- evento que me perdí con todo y sus vinitos de cortesía.

Realmente disfruté el libro, no sólo porque después de la lectura de varios cuentos reí con ganas, sino porque me agradó el tono y, en general, el espíritu que se "siente" en los textos, mismo que aparece como las buenas cocineras, apenas asomando la nariz después de que han ofrecido una cena exquisita. No sé por qué cuando hablo de escritoras me las imagino en dos funciones: la que guisa historias y la que prepara sus aquelarres.

La verdad sobre mis amigos imaginarios
se compone de diecinueve cuentos de corte fantástico: en unos desfilan las princesas, los ratones y los príncipes que de entretenernos en la niñez pasaron a torturar nuestras conciencias adultas. ¿O, acaso, todavía creemos en el príncipe en sapo convertido?; en otros, aparecen las temidas y necesarias figuras fantasmagóricas, vampirescas, angelicales y unas cuantas muy reales. No tan fantástico y sí muy reales son las coincidencias de algunas protagonistas, quienes se encuentran en esa etapa en la cual dejan la niñez y entran en la pubertad. La menarca, la caída de los dientes, la vivencia del miedo y otros indicios más, quizás no deseados pero inminentes, abren las posibilidades a la vida y la muerte.

Lo más importante es que además de los referentes fantásticos, los cuentos son independientes uno de otro, parecen haber sido escritos no sólo en etapas diferentes sino, sobre todo, con diversas metas de experimentación: lingüística, temática, paródica, lúdica, narrativa, etc.

Empecé diciendo que los escritores ya no tan jóvenes pasamos de los treinta y ni sé la edad de Azucena Rodríguez; quizás me gustó tanto el libro que me hice a la idea de que ella tiene mi edad. En fin. Para terminar, les digo que Teresa de Jesús, la escritora española, empezó a escribir después de los treinta y hasta la nombrarron patrona de los escritores españoles. Así que a escribir y a leer. A ver si nos dicen dónde se puede conseguir el libro.



domingo, 9 de noviembre de 2008

Cuarto Premio Nacional de Narradores Jóvenes Maria Luisa Puga

Dense una vuelta por Fábrica de polvo, el blog de Édgar Adrián Mora Bautista, ahí podrán leer una probadita de su novela El instante con la cual aquél acaba de ganar el 4o. Premio Nacional de Narrativa María Luisa Puga de la UACM. Yo que tengo el honor de conocer al autor y haber leído la novela les digo que El instante es una obra interiorizada, honesta, escrita en esa prosa fluida y serena que caracteriza al joven poblano, quien tiene por vocación ser, ante todo, escritor. Ojalá que de este narrador, quien ya ha ganado otros premios, sepamos todavía más.
¡Felicidades! Este gusto aún no se debe agotar, apenas empieza.