viernes, 24 de octubre de 2008

Arrebato de viernes

Si Dios llega a tener frío,
lo tiene como yo, de madrugada y en el pecho.
¿No es, acaso, el momento
en que las almas regresan de viajar?

Y la mía ya recorrió oscuridades muchas.
Ya fue a buscar canela y romero
allá donde no se dan, donde ni los conocen.

Sin saber para qué sirven.

Pero el alma de Dios se cansó de recorrerme.
¿Recordará que me había prometido
recompensas, galardones?

Es el frío de saberse prescindible,
solitario.