martes, 19 de agosto de 2008

Miguel N. Lira


El fin de semana leí Miguel N. Lira, Principio y cuna, librito elaborado para celebrar el Centenario del natalicio del escritor tlaxcalteca. En realidad el libro no es tan breve y menos aún ligero en cuestiones de contenido. Consta de doce estudios acerca de Lira y su obra, todos encaminados a ofrecer una visión conjunta de las tareas de polígrafo, humanista, editor, crítico y a muchas otras ocupaciones del escritor. La edición se caracteriza por su elegancia y fácil lectura, quizás sólo debo acotar que hay unas cuantas omisiones de espacios después de comas y punto y seguido [para los lectores quisquillosos].

Después de leer sí quedan ganas de conocer la obra completa, ganas que en algunos se apaciguarán cuando sea imposible encontrar todos los textos. Yo he corrido con mala suerte para tenerla toda. Pero, con lo leído y lo no encontrado, me atrevo a presentar las siguientes razones para leer a Miguel N. Lira.

-Primera, porque Lira es la figura más representativa de las letras tlaxcaltecas hasta el día de hoy. Punto. No la única, por supuesto, para demostrarlo están los otros autores de antes y después, quienes han contribuido y contribuirán a que se engrose la lista de obras y, por tanto, el sentir literario de la entidad.

-Segunda, porque Lira fue un hombre que se movió entre Tlaxcala y el Distrito Federal, es decir, entre el regionalismo y el centralismo, entre lo que es familiar y lo ajeno. Como escribe Citalli H. Xochitiotzin, él vivió en el puente que “enlaza dos épocas” no sólo de Tlaxcala sino del país.

-Tercera, porque su obra es una mies fertilísima de investigación y crítica literaria. Lira escribió teatro, novela, cuento, artículo periodístico, ensayo, etc.

-Cuarta, ¿no ha de tener todo pueblo su poeta?