miércoles, 30 de julio de 2008

Mujeres asesinas


Rosario Castellanos comienza su tesis de maestría con la pregunta: "¿Existe una cultura femenina?" Escribió también que la existencia de dicha cultura aparecía en el mundo dominado por hombres más como un rumor que como una realidad y como rumor debía ser sometido a duda, a la sonrisita desvalorizadora y complaciente. A lo largo de los últimos dos años he llegado a la conclusión de que las mujeres somos nuestras peores enemigas; ya lo habían dicho otros antes pero yo me atrevo a pensarlo y creerlo. Yo nunca me he presentado como una feminista, pero no niego la importancia de los estudios de género y, de hecho, a veces veo a las estudiosas del feminismo con esa envidia de "la buena" de la que hablaba Teresa de Jesús (vean nomás quién). Lo que sí tengo a veces es cierta intuición acerca de algunos casos como del que les hablaré hoy.

Hace como un año, llegué a ver un programa argentino llamado "Mujeres asesinas". Me llamó la atención el título y el tono hiperealista de cada uno de los episodios de la serie. En el fondo, todos operan con el mismo esquema: una mujer ve su vida emocional destruida, disminuida o modificada por un agente, generalmente un hombre, y ante las circunstancias decide matar para "apurar" el restablecimiento de su afectado orden. La serie argentina se tomaba libertades que llegaron a impactarme: escenas de sexo explícito, violencia y unos diálogos fuertes y concisos. No vi todos los capítulos de la serie pero no me llevé un mal recuerdo. Considerando que se trataba de un producto, ante todo, comercial, no estaba tan mal. Lo único que me hacía renegar era la imagen que sobre la mujer se presentaba. Las protagonistas eran seres apocados, no educados emocionalmente, podían ser profesionistas pero no tenían personalidades bien construidas. Hablo de que veía a una mujer (como yo, como la vecina, como muchas) que descalabraba y que encontraba en el asesinato la única vía de alivio. El mismo título es, obscenamente, tendencioso. ¿Acaso hay una diferencia de grado si el crimen es llevado a cabo por una mujer?

Dirigido a un público femenino, el programa tuvo un éxito tan grande que a Pedro Torres (director de videos, productor del primer Big Brother) se le encargó hacer la versión mexicana. Por cierto, es tema de un buen comentario la crisis de creatividad de las productoras mexicanas, las cuales se dedican a comprar guiones. Permítanme decirles que el resultado es catastrófico. La campaña publicitaria fue aplastante, cualquiera pudo enterarse de que la "Mujeres asesinas" made in México se estrenaría por todas las señales de televisión por cable. Me atreví a ver uno de los capítulos y debo decir que son francamente malos, más malos que pegarle a Dios. Hablo, sobre todo, de la realización y del tono.

Se cometió el error de "agringar" la serie convirtiéndola en una mezcla entre "Crime Scene Investigation", "Mujeres asesinas" y "Desperate Housewives". Lo peor es que los casos de la serie los resuelve una división de investigación especializada que encabeza una fiscal-criminóloga-policía (Rosa María Bianchi). Nada más alejado de la realidad. ¿Se imaginan lo que pasaría si cada delegación del Distrito Federal tuviera una división de criminalística como la de la serie? Quizás hubiera sido buena idea incluir a policías, si la serie estuviera mejor actuada. Creo que en el fondo "respira" la necesidad moral, venida desde los melodramas de Pedro Infante, de que los malos deben pagar sus crímenes y como no es "rentable" que Dios los castigue, pues se recurre a la justicia de los hombres.


Se cometió el error de publicitar en exceso, de generar expectativas, de hacer de la publicitación un espectáculo quizá más interesante que el mismo producto. Parece que ya no se vive para crear televisión, sino para vender productos. De hecho, ya está a la venta el libro de la serie en librerías "de prestigio" y en las librerías normales.

Se dieron el "lujo" de formar el elenco con "primeras" actrices como Verónica Castro, Daniela Romo, Lucía méndez, etc. Con esto, se selló el interés por hacer un producto vendible en detrimento de la "mexicanización" de la serie. Se dieron en fin, el lujo de poner en evidencia la falta de creatividad, de producción y de calidad actoral del país.

La televisión no es la culpable, de hecho, la televisión ni ha cambiado en años. Lo único que me hace sentir un poquito mal es que por más que se desea hacer de la cultura femenina una realidad palpable, lo que se escucha son los rumores de que existe, aunque nadie sabe dónde.

domingo, 27 de julio de 2008

cine de julio


En este mes vi Batman. El caballero de la noche, Hellboy II y Persépolis. De las tres, Hellboy fue la que no me gustó. El ritmo, el humor y el elemento religioso de la primera faltó en la secuela. Recordemos que uno de los principales temas de Hellboy fue el libre albedrío, es decir, lo "que hace a un hombre ser hombre". La segunda parte hace uso del chiste forzado y de nuevo nos muestra un mundo habitado por gnomos, hadas y otros seres fantásticos. Sinceramente, a mí ya me está hartando un poco tanta hada en tantas películas. Algunos de dichos seres en Hellboy son buenísimos en el aspecto visual pero el artificio de estos seres no es suficiente para formar una buena película. Incluso la música, que era tan buena en la primera entrega, ahora queda muerta, no comunica nada.
Por el contrario, Batman es una cinta espectacular pero también interiorizada. En vez de subtitularse El caballero de la noche, este película debería llamarse "El caballero de la oscuridad". Lo que sí tienen en común Hellboy II y Batman es que ambas manejan (aunque en tonos diferentes) un mismo discurso: la marcada división entre el héroe y los humanos. Humanos son The Jocker y Batman pero su naturaleza ha sido transformada de tal forma que no podrían ser más "humanos integrados" al orden social. Los "villanos" de los dos filmes se encargan de decir a los héroes frases como: "Conozco bien este mundo, tanto como para saber que nadie llorará por él.", "¿Por qué quieres salvarlos? Sabes que no perteneces a ellos...", "Tú y yo tenemos más en común de loq ue te imaginas". En Hellboy, la diferencia entre humanos y "freaks" se hace mayor cuando el demonio rojo se exhibe ante la gente común pero recibe de ellos miedo y agresión y no la aceptación que esperaba. ¿Por qué salvar a unas personas que no aceptan a sus héroes? ¿Vale la pena ser perseguido por la gente que pretendes salvar? La gente ya no merece a sus héroes, es verdad, pero los necesita.
Finalmente, Persépolis es una gran película en el sentido visual y en el contenido. Se trata de una novela gráfica en blanco y negro de Marjene Satrapí, en la cual habla de las diferentes guerras de Irán, del sentimiento de pertenencia a un pueblo, de la vida que una mujer en Irán debía tolerar y transformar. Es una película fuerte y tierna. ¡Vayan a verla!