lunes, 28 de enero de 2008

Más epigramistas o epigrameros




Para los políticamente incorrectos salió Vigencia del epigrama, antología de Héctor Carreto, en la cual podemos encontrar a 58 autores hispanoamericanos interesados en perder un poco la etiqueta y en escribir versos burlones. Ya Milton Medellín, escritor de epigramas, me había recomendado el libro.

Tan antiguo es el epigrama como antigua es la voluntad de criticar, de caricaturizar y de burlarse del prójimo. Algunas veces el epigrama tiene un marcadísimo fin político, otras sólo crítica por puro deporte, por la insana -pero divertida- tarea de burlarse de alguien. ¡Ay! El epigramero o epigramista habrá de soportar la mala fama que de burlón se le hará. Créanme que no es tan fácil llevar el disfraz del malo, de la bruja o del hablantín incómodo. Si la sociedad rechaza a los barberos también rechazará a los que no pueden mantener su lengua en su lugar y que dejarán salir espontáneamente comentarios irónicos. Alguna vez Fernando Rivera Calderón (experto en generalidades) dijo que los mexicanos éramos llevaditos pero que luego no nos aguantábamos cuando nos tocaba ser objeto del escarnio. Yo no sé si seríamos una mejor sociedad si fuéramos menos sentidos y menos políticamente correctos, aunque quizás nos divertiríamos más.

Bien dice Héctor Carreto en el prólogo de Vigencia del epigrama que este género “señala con el índice” y que no está hecho para el susurro, sino para hablarlo abiertamente, para reír y para comentar, para construir y para destruir. Creo que somos más asiduos al epigrama que lo que quisiéramos. Yo recuerdo a las mujeres de mi familia atreverse a hacer comentarios burlones en la intimidad de la cocina; yo he visto a gente con baja, mediana o alta preparación académica doblarse de la risa ante el comentario oportuno del individuo que tiene habilidad natural para hacer epigramas. Yo creo que con el arte de señalar con el índice se liberan endorfinas y se hace catarsis. Hacer un epigrama es un acto público y sagrado con el cual la masa se libera de la tensión acumulada. Así, el epigrama ejerce una función psíquica, social, religiosa, etcétera. Creo que un buen epigrama puede unir más a un grupo que una arenga erudita o apasionada. Si no hemos de tener en común los mismo ideales y objetivos, al menos que nos una la misma risa.

De todos los autores no puede dejar de mencionar a Ernesto Cardenal, Héctor Carreto, Eduardo Lizalde, Leticia Herrera, Hugo Gutiérrez Vega y Xavier Villaurrutia. Los epigramas escritos por las autoras son material de estudio de género y de risa segura. En fin, totalmente recomendable.