viernes, 23 de noviembre de 2007

Mal gusto


Hannibal: Rising de Peter Weber es una de las cintas ofertadas en cartelera. Personalmente, nunca he sido fan de Harris ni de algún otro escritor y director que maneje temas similares. Sin embargo, como muchos, me he dejado llevar por cierta fascinación que desde el estreno de El silencio de los inocentes despertó Hannibal Lecter. La más reciente cinta tiene pocas cosas en común con sus antecesoras, se extraña, por ejemplo, el cinismo elegante de Lecter y el reparto es casi desconocido excepto por Gong Li (Memorias de una geisha) y Dominic West (Chicago y Mona Lisa smile).

Conforme a sus propósitos, la cinta da a conocer los motivos por los cuales Hannibal Lecter se convirtió en un criminal. Los orígenes de nuestro antihéroe se encuentran en Lituania y tienen de fondo dos tragedias: la Segunda Guerra Mundial y la muerte de la familia de Lecter, especialmente, la muerte de su hermana. La brutalidad del asesinato y el canibalismo perturban al pequeño. Años después, ya convertido en un dedicado estudiante de medicina, Lecter está listo para planear y ejecutar su venganza.

La película mezcla el terror psicológico y la violencia gráfica con cierto éxito. Las intervenciones del joven actor que interpreta a Lecter son a menudo exageradas, el motivo del honor tal como se concibe en el Oriente no adereza (por usar una metáfora culinaria) la cinta. Lo que sí es digno de ser tomado en cuenta es la combinación de lugares, ambiente e historias presentes en la película. La historia de Hannibal Lecter alcanza dimensiones de leyenda en esta cinta gracias a que está conectada al cuento popular de Europa oriental, en cuyas historias aparecen el ogro, el bosque y los dos hermanitos perdidos. Incluso los asesinos entonan una vieja canción del folclor europeo que hace referencia a los peligros del bosque. Es buena para pasar el rato pero es truquera y no alcanza la credibilidad necesaria. Lo que sí rescataría de esta película y del género al cual pertenece es que con estas producciones uno puede mirar ciertos temores inherentes a la naturaleza humana. Hablando del erotismo y de otras formas de aniquilación, Bataille dice que el hombre puede superar lo que lo espanta y “mirarlo de frente”.

martes, 20 de noviembre de 2007

No me gustó


En la fonoteca de mi madre se encontraba un cassette de Yolanda del Río, actriz y cantante mexicana. Según el humor de mi madre sonaba "La hija de nadie" o "Camas separadas", sus rolas predilectas. Ambas me llamaban la atención por dramáticas y exageradas pero eran, al fin, las rolas de mi madre y , ¡pobre de mí!, parte de mi educación no formal. A los 10 años se sabe del amor y de las separaciones amorosas lo que se oye en las canciones, en las películas y en las telenovelas. El motivo de la cama como lugar donde se consuma o se consume (como mejor les cuadre) el matrimonio es muy apropiado. Si quisiéramos exaltar las virtudes del amor hablaríamos de un epitalamio, pero si buscamos lo contrario veríamos que la cama que albergó a los amantes es un sepulcro abierto y que las sábanas no siempre son testigos de una resurrección gloriosa.

Terminé de leer la antología Camas separadas y puedo decir que no me gustó. Mauricio Montiel es el compilador de este libro que se balancea entre el acierto y el error, entre la intuición de una buena idea cuentística y la falta de aliento para seguir construyendo la historia. Voluntad narrativa no le falta a ninguno de los escritores, de hecho, todos se sienten llamados a explorar en sus narradores pero muchos se pierden en un laberinto mayormente predecible y aburrido de caminar. Creo que parte del fracaso radica en el hecho de que es difícil contar la separación amorosa sin evitar caer en dos extremos: uno dramático que muestra los grados de dependencia olímpica entre las parejas y otro reflexivo, filosofante, al borde de la teoría ejemplificada. Culturalmente la separación de las parejas es vista como un mal necesario para llegar a algo mejor o como la muestra del fracaso de una o dos personas. Creo que este volumen tiene la virtud de que los cuentos desmienten estas ideas a priori.

No todo es defectuoso, creo que los cuentos con tendencias de género pueden ser considerados como material de estudio académico, aunque no todos pasen a la historia como buenos relatos; en esta situación están los textos de Ana García Bergua, Rosa Beltrán y Yehudit Mam. "Tapetes gemelos" de Mónica Lavín es un buen cuento. No sólo vemos en él el oficio que la escritora ha cultivado y perfeccionado después de muchos cuentos y de varias novelas. También podemos apreciar a la separación de los amantes y su relación con los objetos, pues en este cuento se ve que la verdaera separación se da en los significantes de la unión y no tanto en la animadversión de los sujetos ex amantes. Patricia Laurent Kullick sigue sorprendiendo y gustando por la presencia de personajes perturbados y dispuestos a atentar contra la vida de otros y la propia, aunque no en grado tran extremo como en su novela El camino de Santiago. Esta vez muestra a una mujer en plena desesperación or el divorcio y a su grupo de amigas como confidentes, secuaces y traidoras.

Después de Los nombres del aire no he leído de Ruy Sánchez algo que me haya gustado. "Ese malentendido que me quema" cuenta la transformación de la amante en un sujeto extraño, perverso, alimentado de nuevas costumbres. A pesar de la intención evidente de marcar al Oriente como algo exótico y siniestro, el cuento no arranca y se queda en un mero ejercicio. Al menos tiene mejor suerte que los relatos de Javier García, Bernardo Esquinca, Álvaro Enrique y Alejandro Paez Varela. El cuento de Guillermo Fadanelli es, digamos bueno, porque se trata de algo diferente a lo que he leído de dicho autor. En fin, seguiré leyendo relatos de la separación que seguro los hay y muchos. A Yolanda del Río hace como quince años que dejé de escucharla.