lunes, 12 de noviembre de 2007

Sonetología

En los años de mi noviciado -hace más de lo que quisiera- encontré en la biblioteca un libro de sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz. me impactó la sonoridad, el ritmo, la forma en la cual el poema parecía una ecuación matemática, perfecta, precisa. Ni la fascinación por el verso libre me ha hecho olvidar al Soneto, mi primer amor, poético. Después supe que muchos de los himnos de nuestro manual de oraciones (la Liturgia de las horas) eran sonetos. Con Sor Juana quise hacer sonetos pero no todos tenemos el donde versificar como ella lo tenía. Sin embargo, era y sigo siendo necia y me atreví a escribir algunos, mismos que ahora transcribo. Todos hablan de mí, de Dios, de aquella época de espiritualidad, de vida interior, la cual todos anhelamos de una u otra forma...

Para un amigo, al recibir el ministerio del Lectorado:

Dejando atrás la mezcla de mis palabras,
olvidando el murmullo sin hondura,
leo con alegría tu Carta pura:
mi silencio unido a tus cascadas.

¡Qué callen! Que se queden opacadas
las notas comerciales sin cordura.
Derribó la mudez y su espesura
el eco de tu voz en las cañadas.

Tú, la Voz fuerte, sin tiempo ni hora.
Yo, la egoísta palabra que se quiebra,
unidos ya donde tu pueblo mora.

Y hablando la fuente, el desierto
corre, fertiliza toda esta tierra
donde quiere escucharle entre su huerto.

Diciembre de 1996

Recuento

Tu luz en mi mirada hace cuna
al dolor toca dándole sentido
va limando la espina de su olvido.
Recuerdo, amor, tu mirada oportuna,

callada, luminosa, como luna
que tiene tu elección como vestido.
Me has vuelto un murmullo decidido
y tu tierra en temblor como ninguna

¡Te he visto y te has ido tanto!
Mi lluvia del sur gritó en tu presenciaa
gotas de elegía fueron mi canto.

Y no huyo, porque nunca se silencia
el aroma de noches con tu encanto
que llegaron a darme transparencia.

Noche del 23 de junio de 1997, un mes antes de la profesión de votos)


En los ejercicios espirituales, antes de la profesión de votos

Me pondrás un velo de pertenencia.
El corazón querrá ser penetrado
de luz y aún de noche ser lanzado
de la mediocridad a tu presencia.

Toda me vestirás de complacencia,
seré de nuevo frágil a lo errado.
Prefiero ser silencio ensangrentado
que mirada perdida sin dolencia.

¡Entra, Puerta, llama! Tú que conoces
el rincón más sabio y más sincero.
¡Llega con huracán, con las voces

anónimas de amor en aguacero!
Ven cuando tú quieras, de días o noches.
¡Ven, ven, amante, viento verdadero!


Domingo de Resurrección

La Madre, ya de pie en la madrugada,
empezaba -ligera- sus labores
suavizando con rezos los temores
de la realidad que le fue dada.

Suspiró en la mañana consolada,
y olvidando del Viernes los dolores:
¡vio al Hijo, amor de sus amores,
vivo y de pie en su casa iluminada.

El abrazo a ambos los reanima,
en vez de voz se dan una sonrisa.
Y el Sol que llegó a la cima

bendice a la Madre y la eterniza.
Y fuera de todas las sepulturas
camina el Dios de las Bajuras.

3 de agosto de 1999