lunes, 29 de octubre de 2007

Simpatía por el monstruo




Siete cuentos misóginos de Patricia Highsmith es un libro excelente y lo es, sobre todo, en el sentido formal, porque todas las historias tienen las cualidades de la brevedad y la contundencia: características esenciales del cuento moderno. Ni en los cuentos de Chéjov y Allan Poe –para muchos los maestros del cuento moderno- encontré una vitalidad narrativa como la de Highsmith. Además, el volumen se lee en una sentada.

Las siete historias giran en torno a una mujer o a varias y a la forma en la cual se ven atrapadas en las tragedias que ellas mismas tejen a su alrededor ya sea por ignorancia, por impulsividad, por egoísmo y, sobre todo, por pura maldad. En el primer cuento, una joven mujer despierta y mantiene los celos y el desamor de su joven pareja de baile. Claudette y Rodolphe son, por supuesto, bailarines de tango. Los espectadores son mayormente hombres “maduros y gastados” quienes encuentran en el espectáculo un poderoso afrodisíaco porque en el baile Rodolphe simula estrangular a Claudette al final de cada presentación. Como buen tango, la historia de esta pareja parece que sólo puede terminar en tragedia.

El segundo cuento muestra la verdad popular de que el matrimonio es la “licencia” para que la mujer se convierta en la prostituta autorizada. Sarah, la protagonista, no dejó de tratarse con diversos hombres aunque ya estuviera casada con Sylvester. El matrimonio le permitía seguir sus amoríos y, a la vez, conservar su nombre de “Señora de”. Sarah fue el ama de casa perfecta pero tenía a Silvester bajo un régimen de abstinencia sexual. Más adelante, decidió asesinarlo. Con la historia de Sarah se prueba que si la comida es el medio ideal para ganarse el corazón de un hombre también puede servir para ganarse el título de “Viuda de”.

El papel que tiene la maternidad en la realización femenina es el tema de “La paridora”. De recién casada, Elaine no podía concebir hijos pero después de varios intentos, se convirtió en una paridora sin control. Al parecer, los anticonceptivos no surtieron efecto. Pero si la maternidad hace feliz a Elaine, no hace lo mismo por Douglas. Igual que en el cuento anterior, la figura masculina se va degradando hasta llegar a su aniquilación final. Douglas y Elaine pierden bienes y tiempo porque deben cuidar y alimentar a diecisiete hijos. En el fondo, Douglas quisiera revertir el proceso y hacer que todos los hijos volvieran al seno materno.

En varios cuentos de Highsmith el tema femenino no es exclusivo de la etapa adulta. La infancia y la adolescencia son las etapas en las cuales lo femenino parece ser algo siniestro y dañino. Teodora o Thea es una niña exageradamente pulcra, educada y bella. De ahí que todos llamen a la niña como “la perfecta señorita”. Tanta perfección crea desconfianza en el padre pero no en la madre. Entre los niños del barrio, Thea tiene fama de tramposa e intrigosa pero como nunca le comprueban alguna falta, no recibe castigo. Alrededor de Thea se tejen tragedias, algunos de sus compañeros terminan muertos o deformes pero Thea sigue igual de bella y perfecta como si la desgracia no la tocara o… como si ella la provocara. “La perfecta señorita” es un cuento estupendo, especialmente porque provoca horror la extraña combinación de maldad de belleza en una niña.

“La ñona” cuenta la autodestrucción de Sharon, una joven mujer a quien su madre convenció de la importancia de llegar virgen al matrimonio. Con los años, Sharon tuvo hijas pero éstas se rebelaron ante el deseo de su madre y no sólo no llegaron vírgenes al matrimonio sino que inauguraron tipos de vida diferentes a lo familiar: como irse a vivir a casa de sus respectivos novios e ir a la universidad. La vida de Sharon y de su marido se rompe mientras las hijas prosperan pero lejos de ellos.

En “La víctima”, Catherine es una niña que se viste como mujer pero no deja de ser una niña. Su aspecto la pone en diversas situaciones de riesgo. Igual que en “La perfecta señorita”, el padre es el que ve la falta de concordancia entre la imagen y el estado mental de la hija pero la madre no da importancia al hecho. La vida de Catherine prosigue entre acosos y violaciones; pide autostop, acepta invitaciones de extraños y acusa a un vecino de querer raptarla. Todos los sucesos son ambiguos y, al final, no se sabe si en todas las desgracias Catherine fue la víctima.

El último cuento “La perfeccionista” vuelve al ámbito doméstico, a la cocina específicamente. Margot Fleming es una esposa obsesionada con la perfección y la limpieza. Margot es como otras protagonistas de Highsmith: pulcra, educada y encantadora, pero aunque tiene una cocina debidamente equipada, no cocina. Los Fleming comen en restaurantes y no ofrecen fiestas. Un día Margot decide celebrar el cumpleaños y el ascenso de su marido y acepta cocinar para los invitados, era “algo que debía hacer para ser una esposa perfecta”. El estado emocional y físico de Margot se rompe después de la fiesta. A pesar de haber hecho todo bien, ella está segura que había hecho algo mal.

Después de leer este librito pensé que detrás de ciertos tipos de misoginia sólo puede haber simpatía, simpatía por el monstruo. Más que una declaración de guerra hacia lo femenino, los cuentos llevan al extremo situaciones y personajes con un fin: derribar los débiles pilares sobre los que se sostiene –inestable- lo femenino. La maternidad, el maquillaje, la infidelidad, la elegancia, la virginidad, la pulcritud, la libertad, etc. son los otros cilicios con los cuales las mujeres de estos cuentos se convierten en víctimas y victimarios.

Cuando leía pensé que algunos personajes de la serie Desperate Housewives están formados casi tan esperpénticamente como los personajes de este volumen de Highsmith. El mejor ejemplo es Bree, la pelirroja perfeccionista, conservadora y elegante quien destruye su hogar y sobrevive para ver el desastre.