lunes, 14 de mayo de 2007

El libro de Bataille

-Bueno

-¡Hola, Teresa! Soy yo ¿Cómo estás?

-Bien, gracias. [El tono me salió muy fingido]

-[A ver si no se pone loca] Mmm, disculpa que te moleste pero necesito pedirte un favor.

-[¿Por qué siempre tiene que hablar como si me estuviera pidiendo un favor?] Sí, dime.

-Verás. [“¡Sí, dime?!”, de cuándo a acá se le ocurre hablar así, si siempre habla como una guacamaya?] Lo que pasa es que necesito mi libro de George Bataille, ¿te acuerdas?, es uno negrito con la cara de una monja en la portada. [A ver si se acuerda]

-¿De quién? [Inútil. Si ese libro me lo regaló. Y no es una monja cualquiera. Es Santa Teresa]

-[Aparte de naca, inculta] De George Bataille. El que te presté el trimestre pasado. [El que compré porque me dijeron que hablaba de cochinadas] Es que lo necesito para una tarea que tengo que entregar mañana.

-¡Ah! Creo que sí [Maldito perro, si ese libro me lo había regalado, mejor le hubiera dicho que no lo tenía] Oye, pero creo ése me lo regalaste, ¿no?

-Mmm... [Pinche vieja, ¿me las vas a hacer de jamón con mi libro? Si hasta me quedaste debiendo dinero] No, te lo presté para que hicieras un trabajo.

-Pues yo recuerdo lo contrario y... [¡No, Teresa, no seas mensa! Acuérdate lo que te dijo la psicóloga, tienes que ser proactiva, proactiva] Bueno, es lo de menos, con gusto te lo presto. [Además, ni le entendí. ¿No que hablaba de historias cochinas?]

-[¿Me lo prestas? Pero si yo lo compré y seguro que ni lo leíste] Pues. [Ni que me hubiera salido tan barato] Mira, Teresa, ese libro era [¡Mío! Tú te lo llevaste sólo para hacerte la interesante] ... de ambos pero ahorita sí me urge mucho. Sé que no quieres verme...

-[Si era tuyo ya deberías haberlo leído. Dejaras de ser quien eres si bien sé que nada más los comprabas para lucirlos] ¿Por que no querría verte? ¿Porque te ligaste a mi hermana? [La muy facilita, si son igualitos] [¡No! Como dice Marisol: no le demuestres rabia]

-[Para eso sí es tu hermana, ¿no?] Sara es tu media hermana, Teresa, [y te odia desde que naciste] y nunca quiso hacerte daño.

-Mira, Raúl, eso ya pasó. [¡Eso!] Te juro que lo del libro no es por eso. Si digo que te lo presto es porque tú me lo recomendaste y me lo regalaste.

-Sí, sí ya lo leí... pero necesito confirmar algunas ideas.

-[Si de verdad lo hubieras leído ni estarías pidiéndomelo]

-Y no tengo la ficha bibliográfica. Y ya habíamos quedado que no hablaríamos más de Sara ni de Érick. [Bien que le dijiste a Sara que te gustaba más mi hermano]

-Yo no había mencionado a Érick. [Por cierto es igual de infantil que tú. Los dos pegados a las faldas de su mamá]

-[No lo hubiera mencionado, con eso le demuestro que estoy ardido] Bueno. Tratemos de ser adultos, ¿me lo vas a prestar?

-¿Qué?

-El libro.

-¡Ah!

-Pues lo voy a buscar porque ya no me acuerdo bien si lo tengo.

-¿Me lo puedes mandar con Érick? [¡No! No debí mencionar de nuevo al carnal]

-¿Érick? La verdad no lo he visto en clases.

-¿No?

-No. [Si yo lo he visto salir con su mochila] Bueno, perdón, pero aunque sea mándamelo con Sara.

-Ella no está... pero si quieres podemos seguir hablando del asunto

-¿De Érick?

-No, del libro.