miércoles, 28 de marzo de 2007

Sonata para los hombres buenos

Dos motivos me impulsaron a ver La vida de los otros (Das Leben der Anderen): escuchar alemán y ver si la cinta de Florian Henckel-Donnersmarck superaba a El laberinto del fauno de Guillemo del Toro ya que prácticamente le arrebató el Óscar. Hay que decirlo: la película es muy buena. El guión combina la inteligencia, el suspenso y la fuerza dramática. La cinta tarda en arrancar, los primeros minutos son incluso asfixiantes, pero cuando se aborda la transformación interior del protagonista el argumento se vuelve interesantísimo. El protagonista es Wiesler, un agente de la Stasi (Policía Secreta del regimen comunista de la RDA). Wiesler es un hombre que apenas tiene vida privada: vive solo en un piso y recibe, a veces, la visita de una prostituta. En la Stasi es reconocido por sus cualidades de coacción y chantaje en el interrogatorio y cuando se le encarga monitorear a un dramaturgo llamado Dreyman emprende su tarea con la disciplina y frialdad que lo caracterizan. En una cabina escucha todo lo que sucede al interior del departamento del escritor gracias al sistema de micrófonos que su equipo previamente instaló. Sin embargo, el contacto con la vida íntima de Dreyman y sus allegados termina por seducirlo y si tenía órdenes de dar a conocer cualquier acto de traición al sistema, Wiesler oculta todo lo subversivo a los superiores y se convierte en una especie de ángel guardián del escritor y de su esposa.

Cuando existe un sistema represor como el que retrata la película se crean historias de las cuales surgen los traidores, los miedosos y, sobre todo, los héroes. Wiesler es un convertido, un nuevo Pablo que pasa de ser un efectivo perseguidor a un devoto defensor. Los catalizadores que permiten su conversión son el amor, el valor y la libertad. Conocer tan de cerca las preocupaciones, las pasiones y los sueños de alguien puede modificar la vida a grados que uno nunca imaginó. La visión es, por supuesto, esperanzadora, quizás por eso sea Das Leben der Anderen sea tan atractiva. A pesar de todo creo que El laberinto del fauno tiene la cualidad de que puede condensar en una historia todo un universo donde luchan el bien y el mal. La idea de que convergen los mundos de la fantasía y la realidad en un ser tan receptivo como un niño no sólo está presente en la última cinta de Del Toro sino en otras de sus películas. Recientemente vi un capítulo de su serie televisiva Hora marcada titulado “De ogros” el cual comparte muchos elementos con El laberinto... En dicho capítulo una niña no tiembla ante un hambriento ogro pero sí lo hace cuando corre para salvarse de su padre alcohólico. Lo que hoy resaltaré es que en estas obras la realidad sí es aplastante y que los monstruos que crea la imaginación no son (ni por asomo) tan temibles como podemos ser los seres humanos transformados en lo peor de nosotros mismos.

En La vida de los otros Dreyman toca para un amigo muerto la pieza para piano “Die Sonate vom guten Menschen” (La sonata para los hombres buenos). Si hay algo que uno puede encontrar al ver las dos películas que hoy comenté es una galería de personajes que te dan cierta esperanza de que hay “gente buena” en un mundo que a veces se torna insoportable.