sábado, 27 de enero de 2007

Todos somos profes

Frente a la amenaza de la no recontratación, hice uno de mis cada vez menos acostumbrados actos de conciencia. Diré que el resultado me presenta a un ser que a veces no reconozco en mí. Es como si hubiese soltado a Mr. Hyde por varios meses y que éste ahora amenace con no irse. También me he dado cuenta que el verdadero pecado capital de la humanidad es la soberbia y que debería ser el otro -o sea todo aquél que no sea yo- la verdadera medida de todas las cosas. Como mis culpas son tan grandes hablaré esta vez de una que ocupa mi pensamiento: mi trabajo. Recientemente, en una de las juntas generales de la prepa donde trabajo se discutieron ciertos temas en los cuales se esperaría tener más consenso y menos diferencias. Ante el cuestionamiento acerca de que nuestros métodos, visiones, disponibilidad y profesionalismo han sido llevados a un extremo que no beneficia a los alumnos sino a nuestros egos y deseos de conseguir o mantener el poder, me entristecí viendo que muchos, en mayor o menor grado, actuamos como si nuestra calidad personal y profesional sólo pudiera ser medida por lo que hacemos en esas nueve horas de jornada de trabajo. Además, en dicha junta fue sintomático el comentario de una colega, en él preciso que ella no era una historiadora sino una profesora de historia. Superando la intención que tuvo al emitirla y la serie de comentarios sarcásticos que algunos hicimos de su afirmación, me interesa decir que todos podríamos dejar de ser físicos, músicos, matemáticos o literatos para ser sólo profesores y ejercer la tarea que tenemos sabiendo que el otro es, como yo, un profesor. Sin embargo, el cuadro nunca será tan bello. En la mente y la lengua de cada miembro del profesorado existen muchas ideas que siguen marcando diferencias abismales, sólo hablaré hoy de tres puesto que el camino es largo y como profes andamos en él:

• Duda del origen. Aún existe entre el cuerpo de profesores la idea de que es muy importante la forma por la cual llegamos a nuestro respectivo puesto. Por supuesto, los que llegaron por el camino normal señalan a los que llegamos por el camino fácil puesto que nosotros sólo recibimos una especie de “premio” porque hicimos favores personales, políticos, sexuales, económicos, etc. Esto aplica, también, a la idea de que muchos consideran que eres mejor si saliste de cierta universidad de prestigio…
• El “buen maestro”. Generalmente cada profesor hace el esquema de lo que es un buen maestro y éste será siempre un modelo a escala de lo que es él mismo. En este caso la lista de tipos es larga: el que aprueba a muchos alumnos, el que escucha sus problemas, el que siempre llega temprano, el que apenas pasa a un 10 % de alumnos, el que grita más fuerte, el que nunca habla, el que hace eventos a cada rato, el que nunca hace eventos, el que se disfraza de Barney para atraer su atención, el que nunca los ve pero los estudia estadísticamente, etc.
• La relación interpersonal. Para los que no fuimos al kínder (léase que no aprendimos a interactuar muy bien que digamos) es muy difícil hablar con el otro. De nuevo, más que nombres tenemos tipos de profes según su manera de relacionarse: el que siempre dice lo que piensa, el que pregunta asuntos obvios en las juntas, el que dice no entender los puntos que se tratan (los entiende pero no quiere verse mal diciendo que no está de acuerdo), el que piensa en sus hijos, en el coche o en las cuentas mientras los demás hablan, el que no se aparece en las juntas, el que sonríe a todos, el que siempre tiene que hablar para sacar de la confusión a los demás, el que se opone a todo, el cool que decide que nada debe opacar la buena voluntad, etc.