jueves, 29 de noviembre de 2007

Vayan a verla



Del cantar Beowulf se han filmado varias versiones cinematográficas. Tengo el gusto de conocer una protagonizada por Christopher Lambert, la cual es simplemente mala. El poema épico fue escrito aproximadamente en el año 750 dC y consta de más de tres mil versos. Entre la épica castellana y la nórdica-anglosajona hay diferencias abismales, incluso en el concepto del héore (propia de ambas tradiciones) tendrán divergencias; mientras el Cid Campeador es honorable por su valía de corazón y de acciones, Beowulf es un héroe ensimismado y perseguidor de batallas personales. Al fin héroe, Beowulf tiene una muerte honorable después de entablar una batalla feroz con un dragón, una diferencia más con la épica castellana, pues el Cid nunca se enfrenta a seres sobrenaturales. Beowulf se divide en cuatro cantos (Gréndel, La madre de Gréndel, El regreso de Beowulf y El dragón). Beowulf es un joven guerrero quien libra a los daneses de un ogro llamado Gréndel y de la mortífera madre de éste. La batalla final, con el dragón, le trae honor y más gloria al joven y a su amigo Winglaf.

La nueva versión animada dirigida por Robert Zemeckis es una de las mejores películas que he visto en este año. El trabajo de animación es espectacular, también el mejor que he visto, y la música, estupenda. A la historia le hicieron varios cambios, de modo que quien lea el cantar y vea la película se encontrará con diferencias mayúsculas. Mientras un espectador perfeccionista se verá defraudado, el que sabe de la exigencias y licencias del relato cinematográfico se sentirá satisfecho. El guión de esta versión fue escrito por Neil Gaiman (para mayores referencias el guionista de la novela gráfica Sandman) y lo que hizo fue usar el poema épico y nutrirlo con otras antiguas historias que mucho lo favorecieron: el enfrentamiento de los padres con los hijos, la gestación de seres mitad humanos y mitad monstruos, el motivo del tesoro cuantioso que debe conservarse íntegro y la maldición que pesará sobre aquél que ose robarlo, etc. Además, es muy interesante cómo el guión de la película tiene varios niveles de interpretación, pues en el fondo la historia de Beowulf es la del cristianismo contra el paganismo nórdico-germánico. Lo que se contempla es el fin de los tiempos de Odín y Thor y el inicio de los de Cristo.

Para terminar, es importante destacar que los animadores usaron bosquejos de los rostros de los actores que dan su voz a los personajes como John Malkovich (para mí una de las mejores voces masculinas), Anthony Hopkins, Ray Winstone, Brendan Gleeson, Robin Wright Penn y la voz de la sobreexpuesta actriz, Angelina Jolie.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Mal gusto


Hannibal: Rising de Peter Weber es una de las cintas ofertadas en cartelera. Personalmente, nunca he sido fan de Harris ni de algún otro escritor y director que maneje temas similares. Sin embargo, como muchos, me he dejado llevar por cierta fascinación que desde el estreno de El silencio de los inocentes despertó Hannibal Lecter. La más reciente cinta tiene pocas cosas en común con sus antecesoras, se extraña, por ejemplo, el cinismo elegante de Lecter y el reparto es casi desconocido excepto por Gong Li (Memorias de una geisha) y Dominic West (Chicago y Mona Lisa smile).

Conforme a sus propósitos, la cinta da a conocer los motivos por los cuales Hannibal Lecter se convirtió en un criminal. Los orígenes de nuestro antihéroe se encuentran en Lituania y tienen de fondo dos tragedias: la Segunda Guerra Mundial y la muerte de la familia de Lecter, especialmente, la muerte de su hermana. La brutalidad del asesinato y el canibalismo perturban al pequeño. Años después, ya convertido en un dedicado estudiante de medicina, Lecter está listo para planear y ejecutar su venganza.

La película mezcla el terror psicológico y la violencia gráfica con cierto éxito. Las intervenciones del joven actor que interpreta a Lecter son a menudo exageradas, el motivo del honor tal como se concibe en el Oriente no adereza (por usar una metáfora culinaria) la cinta. Lo que sí es digno de ser tomado en cuenta es la combinación de lugares, ambiente e historias presentes en la película. La historia de Hannibal Lecter alcanza dimensiones de leyenda en esta cinta gracias a que está conectada al cuento popular de Europa oriental, en cuyas historias aparecen el ogro, el bosque y los dos hermanitos perdidos. Incluso los asesinos entonan una vieja canción del folclor europeo que hace referencia a los peligros del bosque. Es buena para pasar el rato pero es truquera y no alcanza la credibilidad necesaria. Lo que sí rescataría de esta película y del género al cual pertenece es que con estas producciones uno puede mirar ciertos temores inherentes a la naturaleza humana. Hablando del erotismo y de otras formas de aniquilación, Bataille dice que el hombre puede superar lo que lo espanta y “mirarlo de frente”.

martes, 20 de noviembre de 2007

No me gustó


En la fonoteca de mi madre se encontraba un cassette de Yolanda del Río, actriz y cantante mexicana. Según el humor de mi madre sonaba "La hija de nadie" o "Camas separadas", sus rolas predilectas. Ambas me llamaban la atención por dramáticas y exageradas pero eran, al fin, las rolas de mi madre y , ¡pobre de mí!, parte de mi educación no formal. A los 10 años se sabe del amor y de las separaciones amorosas lo que se oye en las canciones, en las películas y en las telenovelas. El motivo de la cama como lugar donde se consuma o se consume (como mejor les cuadre) el matrimonio es muy apropiado. Si quisiéramos exaltar las virtudes del amor hablaríamos de un epitalamio, pero si buscamos lo contrario veríamos que la cama que albergó a los amantes es un sepulcro abierto y que las sábanas no siempre son testigos de una resurrección gloriosa.

Terminé de leer la antología Camas separadas y puedo decir que no me gustó. Mauricio Montiel es el compilador de este libro que se balancea entre el acierto y el error, entre la intuición de una buena idea cuentística y la falta de aliento para seguir construyendo la historia. Voluntad narrativa no le falta a ninguno de los escritores, de hecho, todos se sienten llamados a explorar en sus narradores pero muchos se pierden en un laberinto mayormente predecible y aburrido de caminar. Creo que parte del fracaso radica en el hecho de que es difícil contar la separación amorosa sin evitar caer en dos extremos: uno dramático que muestra los grados de dependencia olímpica entre las parejas y otro reflexivo, filosofante, al borde de la teoría ejemplificada. Culturalmente la separación de las parejas es vista como un mal necesario para llegar a algo mejor o como la muestra del fracaso de una o dos personas. Creo que este volumen tiene la virtud de que los cuentos desmienten estas ideas a priori.

No todo es defectuoso, creo que los cuentos con tendencias de género pueden ser considerados como material de estudio académico, aunque no todos pasen a la historia como buenos relatos; en esta situación están los textos de Ana García Bergua, Rosa Beltrán y Yehudit Mam. "Tapetes gemelos" de Mónica Lavín es un buen cuento. No sólo vemos en él el oficio que la escritora ha cultivado y perfeccionado después de muchos cuentos y de varias novelas. También podemos apreciar a la separación de los amantes y su relación con los objetos, pues en este cuento se ve que la verdaera separación se da en los significantes de la unión y no tanto en la animadversión de los sujetos ex amantes. Patricia Laurent Kullick sigue sorprendiendo y gustando por la presencia de personajes perturbados y dispuestos a atentar contra la vida de otros y la propia, aunque no en grado tran extremo como en su novela El camino de Santiago. Esta vez muestra a una mujer en plena desesperación or el divorcio y a su grupo de amigas como confidentes, secuaces y traidoras.

Después de Los nombres del aire no he leído de Ruy Sánchez algo que me haya gustado. "Ese malentendido que me quema" cuenta la transformación de la amante en un sujeto extraño, perverso, alimentado de nuevas costumbres. A pesar de la intención evidente de marcar al Oriente como algo exótico y siniestro, el cuento no arranca y se queda en un mero ejercicio. Al menos tiene mejor suerte que los relatos de Javier García, Bernardo Esquinca, Álvaro Enrique y Alejandro Paez Varela. El cuento de Guillermo Fadanelli es, digamos bueno, porque se trata de algo diferente a lo que he leído de dicho autor. En fin, seguiré leyendo relatos de la separación que seguro los hay y muchos. A Yolanda del Río hace como quince años que dejé de escucharla.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Sonetología

En los años de mi noviciado -hace más de lo que quisiera- encontré en la biblioteca un libro de sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz. me impactó la sonoridad, el ritmo, la forma en la cual el poema parecía una ecuación matemática, perfecta, precisa. Ni la fascinación por el verso libre me ha hecho olvidar al Soneto, mi primer amor, poético. Después supe que muchos de los himnos de nuestro manual de oraciones (la Liturgia de las horas) eran sonetos. Con Sor Juana quise hacer sonetos pero no todos tenemos el donde versificar como ella lo tenía. Sin embargo, era y sigo siendo necia y me atreví a escribir algunos, mismos que ahora transcribo. Todos hablan de mí, de Dios, de aquella época de espiritualidad, de vida interior, la cual todos anhelamos de una u otra forma...

Para un amigo, al recibir el ministerio del Lectorado:

Dejando atrás la mezcla de mis palabras,
olvidando el murmullo sin hondura,
leo con alegría tu Carta pura:
mi silencio unido a tus cascadas.

¡Qué callen! Que se queden opacadas
las notas comerciales sin cordura.
Derribó la mudez y su espesura
el eco de tu voz en las cañadas.

Tú, la Voz fuerte, sin tiempo ni hora.
Yo, la egoísta palabra que se quiebra,
unidos ya donde tu pueblo mora.

Y hablando la fuente, el desierto
corre, fertiliza toda esta tierra
donde quiere escucharle entre su huerto.

Diciembre de 1996

Recuento

Tu luz en mi mirada hace cuna
al dolor toca dándole sentido
va limando la espina de su olvido.
Recuerdo, amor, tu mirada oportuna,

callada, luminosa, como luna
que tiene tu elección como vestido.
Me has vuelto un murmullo decidido
y tu tierra en temblor como ninguna

¡Te he visto y te has ido tanto!
Mi lluvia del sur gritó en tu presenciaa
gotas de elegía fueron mi canto.

Y no huyo, porque nunca se silencia
el aroma de noches con tu encanto
que llegaron a darme transparencia.

Noche del 23 de junio de 1997, un mes antes de la profesión de votos)


En los ejercicios espirituales, antes de la profesión de votos

Me pondrás un velo de pertenencia.
El corazón querrá ser penetrado
de luz y aún de noche ser lanzado
de la mediocridad a tu presencia.

Toda me vestirás de complacencia,
seré de nuevo frágil a lo errado.
Prefiero ser silencio ensangrentado
que mirada perdida sin dolencia.

¡Entra, Puerta, llama! Tú que conoces
el rincón más sabio y más sincero.
¡Llega con huracán, con las voces

anónimas de amor en aguacero!
Ven cuando tú quieras, de días o noches.
¡Ven, ven, amante, viento verdadero!


Domingo de Resurrección

La Madre, ya de pie en la madrugada,
empezaba -ligera- sus labores
suavizando con rezos los temores
de la realidad que le fue dada.

Suspiró en la mañana consolada,
y olvidando del Viernes los dolores:
¡vio al Hijo, amor de sus amores,
vivo y de pie en su casa iluminada.

El abrazo a ambos los reanima,
en vez de voz se dan una sonrisa.
Y el Sol que llegó a la cima

bendice a la Madre y la eterniza.
Y fuera de todas las sepulturas
camina el Dios de las Bajuras.

3 de agosto de 1999

lunes, 29 de octubre de 2007

Simpatía por el monstruo




Siete cuentos misóginos de Patricia Highsmith es un libro excelente y lo es, sobre todo, en el sentido formal, porque todas las historias tienen las cualidades de la brevedad y la contundencia: características esenciales del cuento moderno. Ni en los cuentos de Chéjov y Allan Poe –para muchos los maestros del cuento moderno- encontré una vitalidad narrativa como la de Highsmith. Además, el volumen se lee en una sentada.

Las siete historias giran en torno a una mujer o a varias y a la forma en la cual se ven atrapadas en las tragedias que ellas mismas tejen a su alrededor ya sea por ignorancia, por impulsividad, por egoísmo y, sobre todo, por pura maldad. En el primer cuento, una joven mujer despierta y mantiene los celos y el desamor de su joven pareja de baile. Claudette y Rodolphe son, por supuesto, bailarines de tango. Los espectadores son mayormente hombres “maduros y gastados” quienes encuentran en el espectáculo un poderoso afrodisíaco porque en el baile Rodolphe simula estrangular a Claudette al final de cada presentación. Como buen tango, la historia de esta pareja parece que sólo puede terminar en tragedia.

El segundo cuento muestra la verdad popular de que el matrimonio es la “licencia” para que la mujer se convierta en la prostituta autorizada. Sarah, la protagonista, no dejó de tratarse con diversos hombres aunque ya estuviera casada con Sylvester. El matrimonio le permitía seguir sus amoríos y, a la vez, conservar su nombre de “Señora de”. Sarah fue el ama de casa perfecta pero tenía a Silvester bajo un régimen de abstinencia sexual. Más adelante, decidió asesinarlo. Con la historia de Sarah se prueba que si la comida es el medio ideal para ganarse el corazón de un hombre también puede servir para ganarse el título de “Viuda de”.

El papel que tiene la maternidad en la realización femenina es el tema de “La paridora”. De recién casada, Elaine no podía concebir hijos pero después de varios intentos, se convirtió en una paridora sin control. Al parecer, los anticonceptivos no surtieron efecto. Pero si la maternidad hace feliz a Elaine, no hace lo mismo por Douglas. Igual que en el cuento anterior, la figura masculina se va degradando hasta llegar a su aniquilación final. Douglas y Elaine pierden bienes y tiempo porque deben cuidar y alimentar a diecisiete hijos. En el fondo, Douglas quisiera revertir el proceso y hacer que todos los hijos volvieran al seno materno.

En varios cuentos de Highsmith el tema femenino no es exclusivo de la etapa adulta. La infancia y la adolescencia son las etapas en las cuales lo femenino parece ser algo siniestro y dañino. Teodora o Thea es una niña exageradamente pulcra, educada y bella. De ahí que todos llamen a la niña como “la perfecta señorita”. Tanta perfección crea desconfianza en el padre pero no en la madre. Entre los niños del barrio, Thea tiene fama de tramposa e intrigosa pero como nunca le comprueban alguna falta, no recibe castigo. Alrededor de Thea se tejen tragedias, algunos de sus compañeros terminan muertos o deformes pero Thea sigue igual de bella y perfecta como si la desgracia no la tocara o… como si ella la provocara. “La perfecta señorita” es un cuento estupendo, especialmente porque provoca horror la extraña combinación de maldad de belleza en una niña.

“La ñona” cuenta la autodestrucción de Sharon, una joven mujer a quien su madre convenció de la importancia de llegar virgen al matrimonio. Con los años, Sharon tuvo hijas pero éstas se rebelaron ante el deseo de su madre y no sólo no llegaron vírgenes al matrimonio sino que inauguraron tipos de vida diferentes a lo familiar: como irse a vivir a casa de sus respectivos novios e ir a la universidad. La vida de Sharon y de su marido se rompe mientras las hijas prosperan pero lejos de ellos.

En “La víctima”, Catherine es una niña que se viste como mujer pero no deja de ser una niña. Su aspecto la pone en diversas situaciones de riesgo. Igual que en “La perfecta señorita”, el padre es el que ve la falta de concordancia entre la imagen y el estado mental de la hija pero la madre no da importancia al hecho. La vida de Catherine prosigue entre acosos y violaciones; pide autostop, acepta invitaciones de extraños y acusa a un vecino de querer raptarla. Todos los sucesos son ambiguos y, al final, no se sabe si en todas las desgracias Catherine fue la víctima.

El último cuento “La perfeccionista” vuelve al ámbito doméstico, a la cocina específicamente. Margot Fleming es una esposa obsesionada con la perfección y la limpieza. Margot es como otras protagonistas de Highsmith: pulcra, educada y encantadora, pero aunque tiene una cocina debidamente equipada, no cocina. Los Fleming comen en restaurantes y no ofrecen fiestas. Un día Margot decide celebrar el cumpleaños y el ascenso de su marido y acepta cocinar para los invitados, era “algo que debía hacer para ser una esposa perfecta”. El estado emocional y físico de Margot se rompe después de la fiesta. A pesar de haber hecho todo bien, ella está segura que había hecho algo mal.

Después de leer este librito pensé que detrás de ciertos tipos de misoginia sólo puede haber simpatía, simpatía por el monstruo. Más que una declaración de guerra hacia lo femenino, los cuentos llevan al extremo situaciones y personajes con un fin: derribar los débiles pilares sobre los que se sostiene –inestable- lo femenino. La maternidad, el maquillaje, la infidelidad, la elegancia, la virginidad, la pulcritud, la libertad, etc. son los otros cilicios con los cuales las mujeres de estos cuentos se convierten en víctimas y victimarios.

Cuando leía pensé que algunos personajes de la serie Desperate Housewives están formados casi tan esperpénticamente como los personajes de este volumen de Highsmith. El mejor ejemplo es Bree, la pelirroja perfeccionista, conservadora y elegante quien destruye su hogar y sobrevive para ver el desastre.

jueves, 18 de octubre de 2007

Hacerla de jamón

Creo que todos hemos vivido la experiencia de encontrarnos con compañeros de trabajo, familiares y anexos, quienes acostumbran poner “peros”, echar para atrás las mejores iniciativas o que, simplemente, tienen una habilidad natural para decir “no” de las maneras más exasperantes. Comúnmente, decimos que esas personas la “hacen de jamón”. Esta semana he dicho a mis amigos: “Fulanita me la hizo de jamón” o “Sutanito sólo va a las juntas a hacerla de jamón”. Dejo el diagnóstico de mi pobreza lingüística para otro momento y prefiero preguntar: ¿de dónde viene la frase famosa? Como me muevo continuamente entre Tlaxcala, el Distrito Deferal y Celaya ya no sé dónde la oí y menos si dicha frase es socorrida en los tres lugares. Por supuesto, agradeceré si alguien me dice si la expresión viene de algún evento importante. Pero mientras la respuesta llega, seré paciente tratando de explicármela.

En principio, hay que decir que el jamón (no sé si de pavo, pierna o soya), forma parte de la caracterización del Chavo del Ocho quien tiene el sueño de comerse una torta de jamón. Hasta en las aspiraciones culinarias el personaje de Roberto Gómez Bolaños es modesto, poquitero, quizás, si lo comparamos con el Macario de B. Traven, quien anhelaba comerse un jugoso pavo completo. Espero que el mentado Chavo haya comido en algún capítulo la torta de sus sueños. De no ser así, invito a los doctos a escribir reflexiones eruditas acerca de la negación que, ¡ay!, parece ser una constante en nuestra vidas y, por supuesto, abucheo al guionista.

No sé desde cuándo los huevos con jamón se convirtieron en un desayuno popular. Pero en mi experiencia, las familias, que se diferenciaban social y económicamente de las comunes, desayunaban con frecuencia dicho platillo. Creo que por eso en mi niñez asociaba al jamón con la abundancia. Pero, también es cierto que en cualquier puesto callejero las tortas de jamón son las más baratas. Quizá es de ahí, de la calle, de donde viene la expresión “Hacerla de jamón”. Como es un territorio de todos y, a la vez, de nadie, casi todo viene de la calle; en ella el lenguaje pierde los buenos modales y se desempolva para regresar a casa renovado.

En el fondo del malestar porque alguien me “la hizo de jamón” está la sensación de sentirse traicionado, atacado sin merecerlo. Es casi como pagar una torta de milanesa y recibir algo menor (o sea, una de jamón). Todavía más al fondo, uno expresa un malestar social, vital. Encontrarse con alguien que te la haga de jamón es educativo, quizá tanto o más educativo que aquella enseñanza de vida aprendida en el kínder: si muerdes a tus compañeros ellos te aislarán. Eso he oído porque yo no fui el kínder. Dolorosamente uno aprende (parece que no hay otra forma) que el otro existe y que los ideales de comunión, empatía y solidaridad son y serán ideales para toda la vida.

Quisiera terminar diciendo que la palabra “jamón” tiene también una connotación sexual. Cualquier adolescente y adulto calenturiento que sepa que el jamón sale de la pierna del animal, jugará con las oportunidades lingüísticas del caso y llegará a decir que le “agarró el jamón” a la fémina de sus sueños. Sin embargo, ahí algunas mujeres, como yo, estaríamos un poco disgustadas porque no fuimos favorecidas con ese tipo de jamón... “Para jamones, las ibéricas” -decía un ex-novio- porque a las pequeñas como yo nos faltó. Y ahí sí que si Dios tuvo que ver con eso, hasta él tuvo que hacérnosla de jamón.

martes, 16 de octubre de 2007

10 items or less



Quizá, lo que más admiro de un proyecto cinematográfico es la sencillez y la autenticidad. Cero pretensiones y mucha fe en un proyecto sumamente cuidado y sincero son características de la película Dame 10 razones, escrita y dirigida por Brad Silberling . En la película, un director independiente ofrece a un veterano actor (Morgan Freeman) integrarse a su proyecto. Al actor, quien fuera héroe de películas de alto presupuesto y quien lleva cuatro años sin filmar, le ofrecen un papel de gerente de un súper y acepta ver las locaciones de filmación para decidir si lo acepta. Así, Freeman llega al Ranch Supermarket, punto de compras de inmigrantes latinoamericanos, con el objetivo de analizar y memorizar los movimientos, las reacciones y conductas del gerente del establecimiento. Ahí ve a Scarlet (Paz Vega), la malhumorada cajera que atiende la caja rápida de 10 o menos artículos. Más a fuerza que de ganas, Scarlet acepta ayudar al actor a llegar a su casa porque éste salió de casa sin efectivo, sin celular y sin conocimiento de sus propios números telefónicos. Pero, antes Scarlet lo llevará con ella por los lugares que debe recorrer ese día: adentrarse en los suburbios para enfrentar a su ex-marido y a la nueva mujer de éste y llegar a una empresa constructora para una entrevista de trabajo.

En Scarlet y Freeman se unen dos de los estratos sociales de una gran ciudad como Los Ángeles: el marginal y el opulento; sin embargo, no es la convergencia entre estratos tan distintos lo que hace interesante a la película. Se trata de una película formada de diálogos dinámicos, con una historia sencilla y muy bien contada. Con Scarlet se muestra la forma en la cual una persona (hombre o mujer) debe decidirse a pedir de la vida algo más. Las intervenciones del personaje que interpreta Freeman invitan a ver la vida (una tarde, una jornada de trabajo) como si fuera un relato, es decir, como una historia que tiene que ir renovándose, tomando nuevos giros, desechando personajes y recibiendo a otros. En suma, una vida en movimiento constante en pro de la llegada de un “fuerte final”.

jueves, 5 de julio de 2007

Yo sobreviví a la explosión de PEMEX en Celaya

A continuación presento la narración de la aventura mañanera de mi hermano, residente de Celaya, la puerta de oro del Bajío, y la residencia de las explosiones. ¿Será por eso que algunos celayenses somos tan explosivos? Celaya fue durante mi niñez un lugar tranquilo. Pero se trata hoy en día de un municipio olvidado por las autoridades. además, la pena ajena nos embarga porque Martita Sahagún vivió allá y Fox se llevó a mi pobre ciudad entre las botas.


Hubo hoy una explosión muy fuerte en un ducto de PMX de gas natural y propano, que está junto a una avenida nueva que están construyendo, esta avenida une la entrada de Celaya con la carretera a Salamanca y la carretera a Salvatierra.

Yo estaba dormidote y escuché un ruido muy fuerte como de un avión aterrizando pero que duraba mucho tiempo, en plena modorrés pensé: "uno de los aviónes de Bachoco otra vez esta aterrizando muy bajito". Pero me cayó el 20 que el aeropuerto cierra por las noches. Lupix me despertó totalmente y me llevó la ventana, desde la casa la flama estaba a unos 7 km pero se veía facilmente de unos 100 mts de altura, hacía un ruido enorme como un soplete pero a lo jijo, me tocó ver una segunda explosión con hongo de humo y toda la cosa.

Aunque no sabíamos qué era en esas altas horas de la madrugada, pensé que era una gasolinería o una pipa que hubieran estallado, supuse que no nos tocaría ninguna consecuencia, pero el humo que se estaba respirando era cada vez más fuerte, así que decidimos hacer una primera graciosa huida a casa de mis suegros, ya allí la cosa era mucho menor, lo malo fue que todos pensamos lo mismo y había congestionamientos como si fueran las tres de la tarde.

Finalmente nos enteramos por el radio de lo que había pasado. Nos quedamos dormidotes pero ahorita son las 14:46 y aún está la columna de humo, ya la flama debe ser muy pequeña pero aún así se ve el humo.

Esa es la triste historia del tubo chamuscado, le echaban la culpa a un rayo pero después se supo que hubo otras explosiones en Salamanca y Valle de Santiago, así que estoy seguro que fue el Peje que recordó sus desmanes en Tabasco y se puso a lo Nerón a quemar ductos o lo que es menos probable: los tubos de PMX que están ya todos dados al cuaz, podridos, viejos y tronaron por una subida de presión.

¿Cómo veis nomás?

jueves, 7 de junio de 2007

Tres puños

Dormía tan profundamente que tardó en despertar ante el jaleo de la habitación contigua. La luz del pasillo invadía tímidamente el quicio de la puerta y otra luz, definida y geométrica, en la carátula del reloj de mesa ofrecía la hora. Eran las tres de la mañana. Todavía en cama y con los ojos alertas adivinó el motivo: Sor Ángela debía pasar otra noche crítica. Sin embargo, el murmullo de voces femeninas al unísono se definía a cada segundo en el oído dejándola reconocer el salmo 50. Así supo que era ésta la noche definitiva. No obedeció a su primer impulso y siguió acostada. Ya era tiempo, pensó, y se alegró. Ambas saldrían beneficiadas, ella podría cuidar a otras hermanas y la otra dejaría de luchar con su matriz, en la cual se habían reproducido células malignas.

Ya de pie, desvistiéndose, repasaba el mismo salmo con el pensamiento y recordaba a la vieja religiosa exigiéndole más agua tibia, recitando en voz desesperada un ave maría y diciéndole que era una perezosa. Cuando fue destinada a la casa de monjas mayores debió imaginarlo. Por ser la más apta, es decir, la nueva, fue elegida para cuidarla. Al principio, su disposición febril de neoprofesa la ayudó a tomar esa responsabilidad con alegría y serenidad. Creyó que nada podía provocarle más orgullo que saberse útil para aliviar el trabajo de las demás. Creyó estar ante una oportunidad sublime: ayudar a una hermana tan limitada ya en sus fuerzas físicas y tan segura en las espirituales era un privilegio. Era como estar ante el mismo Dios en el monte calvario. Pero Ángela era dura, fría, parecía hablar con Dios en su propio código de amargura. El ánimo de la joven se rompió poco a poco. Ángela tenía en ella a una sirvienta fácil de maltratar. Ahora Carmen dudaba, ¿era difícil la moribunda o ella era la débil, la ilusa? Empezó a dormirse en los Laudes, a distraerse en la misa, a comer más y a hablar menos.

Vestida ya se dirigió al baño. Aún sentía ese dolor agudo, ceñido a su cintura y cadera como una tela de trama apretada. La tarde anterior, ese cólico convenció a la superiora y ésta permitió dejarla descansar. La disculpó de las Vísperas y hasta le autorizó usar la lavadora para limpiar su ropa manchada de sangre: una doble vergüenza. Porque cada privilegio o comodidad era una vergüenza. La toalla estaba empapada, el periodo era profuso e incómodo. En casa nunca se sintió mal, ni un solo cuidado maternal, ninguna jaqueca, ni una sola mancha en las pantaletas o en las sábanas.

Estaba lista pero no se atrevía a salir. Quería volver a dormir un sueño no sujeto a las horas ni a los rezos. Extrañaba las reuniones despreocupadas de su familia joven. El timbre sonó. Los pasos apresurados en el pasillo la contagiaron y con cuidado sostuvo la perilla para no hacer ruido. Todas sentadas alrededor de la cama la miraron expresando un reclamo sutil por la tardanza. Ocupó la silla vacía dispuesta para ella. Sor Ángela tenía los ojos cerrados, respiraba con esfuerzo y en sus manos encrispadas un cristo de plata agonizaba también. La sábana pegada a su cuerpo permitía ver sus músculos contraídos. Siguiendo las indicaciones del cura recién llegado, todas emitieron un amén automático. La moribunda abrió los ojos. Carmen se levantó y un flujo caliente y abundante salió por su vagina. Todas creyeron que se acercaría a la moribunda pero salió para refugiarse en la capilla. Ahí la lámpara del sagrario temblaba. Por alguna razón, Carmen creyó que estaba atrapada en esa llama dubitativa y delgada. Pensó que Dios la obligaba a estar con él y que no una sino sus tres personas la golpearían con sus puños.

lunes, 28 de mayo de 2007

Declaracion de amor

El sábado cargué un suéter de más porque recordé que en Tlaxcala siempre siento más frío que en otros lugares. La primera vez que pisé territorio tlaxcalteca no iba tan preparada, la información que había recibido acerca del estado y su gente no fue suficiente para saber a lo que me enfrentaría. No es secreto que guardo un recuerdo más que entrañable de la capital y que muchos de los mejores momentos de mi vida independiente los viví allá. Llegué, muchos lo saben, porque la congregación de monjas a la que pertenecía me destinó a la comunidad del conocido Colegio Sor Juana Inés de la Cruz y que el mismo año de mi llegada ingresé a la Licenciatura en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Aunque para muchos la también llamada Cuna de la Nación es el culodelmundo, para mí fue el escenario ideal para vivir cuando creía que el mundo era pequeño y que podía comérmelo pausadamente como hace uno con un delicioso chocolate. Acogí los pequeños pero dignos lugares de esa ciudad para hacerlos parte de mi vida, ni los de mi ciudad natal han marcado tanto mi futuro. Tres años observé la ciudad y a su gente desde una burbuja de cristal protegido por las hermanas y a la vez atada a su propio destino. El resto lo dediqué a descubrirla y a descubrirme. Mirarse en el propio espejo no es fácil. Al saber que no quería ser más la cándida monja se abrió una oportunidad, mi oportunidad histórica para saber qué quería hacer conmigo. Gracias a Tlaxcala empecé a descubrirlo, ahí erré y acerté. Salí para trabajar en el Distrito Federal y cada vez que viajo hacia allá recuerdo porque siempre regreso:

En Tlaxcala me enamoré. No justificaré mi cursilería. Recuerdo aún sus ojos brillando bajo la luz de los Portales, esos que dicen que antes eran desiertos y que albergan ahora sucursales de banco, tiendas, restaurantes, oficinas, cafés, una librería y un puesto de revistas. Cada vez los recorro menos rápido. Volviendo al enamoramiento diré que es cierto que esas experiencias te convierten en un ser humano mejor, lo mismo más alegre, astuto, dolido y trágico. Sin esto no sería amor… Ahí estaba él y como supe que eso era para mí, lo tomé.

En Tlaxcala me dejé seducir por la humanidad y verdad de mis maestros. No podré olvidar a Joel Dávila, a Blanca Lugo, a Marisol Nava, a Alfredo Pavón, a Enrique Jiménez (el canario), a Russell M. Cluff, a Howard Quackenbush, a Jacqueline Bernal, a la maestra Francisca, a Micaela Morales, a Martín Sánchez, por mencionar a los que recuerdo más vivamente.

Diré que a mis amigos y compañeros no les he dado el seguimiento que merecen y que una de mis deudas es con ellos. Nunca ha dejado de sorprenderme e inspirarme su entusiasmo. A Wendoline Flores le tocó la pesada tarea de ser mi amiga incondicional, consultora de maquillaje, abogada defensora, manager, etc. Su gran calidad humana se refleja en el hecho de que no sólo no ha dejado de ser mi amiga sino que parece disfrutar de mi compañía.

En Tlaxcala aprendí a trabajar, a ser responsable y a disfrutar de la vida. Fue ahí donde supe que la vida era más compleja y disfrutable que como la veía en Celaya o en el convento. Ahí también aprendí a nadar y a desarrollar cierta aversión hacia los poblanos. Caminé por sus calles de madrugada o de noche. Lloré y reí en sus calles. Subí y bajé la Malinche. Vibré con el Carnaval. Sé lo que es viajar en el maletero de la suburban que va a Apizaco, dormí en los autobuses verdes PTC (Puebla-Tlaxcala-Calpulalpan) y aún me mareó con el desodorante del ATAH Ejecutivo. Defiendo la idea de que los volcanes se ven mejor de aquel lado que desde el Distrito Federal. Como escuché una vez decir a una poeta: es difícil vivir lejos de las faldas de la Malinche.

lunes, 14 de mayo de 2007

El libro de Bataille

-Bueno

-¡Hola, Teresa! Soy yo ¿Cómo estás?

-Bien, gracias. [El tono me salió muy fingido]

-[A ver si no se pone loca] Mmm, disculpa que te moleste pero necesito pedirte un favor.

-[¿Por qué siempre tiene que hablar como si me estuviera pidiendo un favor?] Sí, dime.

-Verás. [“¡Sí, dime?!”, de cuándo a acá se le ocurre hablar así, si siempre habla como una guacamaya?] Lo que pasa es que necesito mi libro de George Bataille, ¿te acuerdas?, es uno negrito con la cara de una monja en la portada. [A ver si se acuerda]

-¿De quién? [Inútil. Si ese libro me lo regaló. Y no es una monja cualquiera. Es Santa Teresa]

-[Aparte de naca, inculta] De George Bataille. El que te presté el trimestre pasado. [El que compré porque me dijeron que hablaba de cochinadas] Es que lo necesito para una tarea que tengo que entregar mañana.

-¡Ah! Creo que sí [Maldito perro, si ese libro me lo había regalado, mejor le hubiera dicho que no lo tenía] Oye, pero creo ése me lo regalaste, ¿no?

-Mmm... [Pinche vieja, ¿me las vas a hacer de jamón con mi libro? Si hasta me quedaste debiendo dinero] No, te lo presté para que hicieras un trabajo.

-Pues yo recuerdo lo contrario y... [¡No, Teresa, no seas mensa! Acuérdate lo que te dijo la psicóloga, tienes que ser proactiva, proactiva] Bueno, es lo de menos, con gusto te lo presto. [Además, ni le entendí. ¿No que hablaba de historias cochinas?]

-[¿Me lo prestas? Pero si yo lo compré y seguro que ni lo leíste] Pues. [Ni que me hubiera salido tan barato] Mira, Teresa, ese libro era [¡Mío! Tú te lo llevaste sólo para hacerte la interesante] ... de ambos pero ahorita sí me urge mucho. Sé que no quieres verme...

-[Si era tuyo ya deberías haberlo leído. Dejaras de ser quien eres si bien sé que nada más los comprabas para lucirlos] ¿Por que no querría verte? ¿Porque te ligaste a mi hermana? [La muy facilita, si son igualitos] [¡No! Como dice Marisol: no le demuestres rabia]

-[Para eso sí es tu hermana, ¿no?] Sara es tu media hermana, Teresa, [y te odia desde que naciste] y nunca quiso hacerte daño.

-Mira, Raúl, eso ya pasó. [¡Eso!] Te juro que lo del libro no es por eso. Si digo que te lo presto es porque tú me lo recomendaste y me lo regalaste.

-Sí, sí ya lo leí... pero necesito confirmar algunas ideas.

-[Si de verdad lo hubieras leído ni estarías pidiéndomelo]

-Y no tengo la ficha bibliográfica. Y ya habíamos quedado que no hablaríamos más de Sara ni de Érick. [Bien que le dijiste a Sara que te gustaba más mi hermano]

-Yo no había mencionado a Érick. [Por cierto es igual de infantil que tú. Los dos pegados a las faldas de su mamá]

-[No lo hubiera mencionado, con eso le demuestro que estoy ardido] Bueno. Tratemos de ser adultos, ¿me lo vas a prestar?

-¿Qué?

-El libro.

-¡Ah!

-Pues lo voy a buscar porque ya no me acuerdo bien si lo tengo.

-¿Me lo puedes mandar con Érick? [¡No! No debí mencionar de nuevo al carnal]

-¿Érick? La verdad no lo he visto en clases.

-¿No?

-No. [Si yo lo he visto salir con su mochila] Bueno, perdón, pero aunque sea mándamelo con Sara.

-Ella no está... pero si quieres podemos seguir hablando del asunto

-¿De Érick?

-No, del libro.


miércoles, 25 de abril de 2007

Uno de los mejores cuentos de Eduardo Antonio Parra



Cuerpo presente” es uno de los más recientes cuentos de Eduardo Antonio Parra publicado en Parábolas del silencio (2006). Tanto éste como otros cuentos del volumen son contados a través de una prosa sin desperdicio. De nuevo puede decirse que la especialidad de Parra es la voz narrativa; una voz, ante todo, segura que alguien escucha y que no cuenta una historia sin involucrarse en ella, una voz que siente, que se ofrece a sí misma en cada palabra. El cuento narra la historia de una mujer y de un pueblo: Macorina y Hualahuises. Ella es la típica prostituta que no ejerce por necesidad sino por vocación y él el típico pueblo con su presidente municipal, su cura, sus jóvenes calenturientos y sus mujeres enlutadas. Macorina llegó a Hualahuises para quedarse, desvirgó a dos generaciones, fue odiada y admirada, causaba respeto y temor. La semejanza de Macorina con María Magdalena es evidente. De hecho, en éste y en el resto de los cuentos Parra no esconde la intertextualidad con otros mitos bíblicos. Macorina está emparentada también con personajes como el de Malena (Mónica Bellucci) y María Candelaria (Dolores del Río) pues todas fueron repudiadas por su belleza y aceptadas en su desgracia o veneradas en la muerte. A los primeros cuentos de Parra no les faltó la referencia norteña o fronteriza, en éste apenas se sugiere que Hualahuises está cerca de Monterrey y “el gabacho” es el lugar donde Macorina va a recuperar la belleza perdida cuando pierde un brazo en un accidente. Con o sin brazo, la Venus será siempre una diosa y su pueblo no dejará de adorarla.

Escribo que escribieron

Salvador Elizondo (1932) pertenece a un grupo de escritores a quienes es común decirles serios, crípticos, azotados, pues. Elizondo como Inés Arredondo, Guadalupe Dueñas, etc., son escritores que, además, de ser buenos narradores exploraron una especie de “esencia trágica” o de “perversión natural” en las cosas y en las vidas. En ninguno de mis años de formación leí El grafógrafo (1972) y hace unos días quise leerlo. Lo que encontré fue que la prosa de Elizondo no siempre es pausada y seria sino que se permite ser lúdica, irónica y festiva. El grafógrafo es un libro cercano y alejado de las pretensiones intelectuales, que no por eso ligero. Uno de los temas del libro es la escritura como acto mecánico pero no por eso indigno de atención. “Escribo. Escribo que escribo” se ha convertido en una cita de éxito entre los seguidores o estudiosos de la metaficción, tema/técnica que ya ha dado mucho de qué hablar. El segundo gran tema es el significado de las palabras, Elizondo invita a cortar “el ombligo serpentino que une a la palabra con la cosa” y a descubrir nuevas relaciones de significado para liberar al lenguaje y aumentar la comprensión, libertad de relación que podría ser igual de divertida en la morfosintaxis o en la ortografía. Otro tema de El grafógrafo es la reflexión narrativa que el autor hace acerca del presente no como tiempo verbal sino como un concepto que parece ser contradictorio consigo mismo. Esto lo vemos en cuentos como “Futuro imperfecto”, “Presente de infinitivo” y “Pasado anterior”.

Inolvidables escenas








Los invito a pensar en las diez mejores escenas y/o secuencias de algunas películas con fotografía de Gabriel Figueroa. Ahí van las mías:
1.Ninón Sevilla en un puente sobre la estación de trenes Buenavista en Víctimas del pecado.
2.Dolores del Río y Columba Domínguez (madre e hija) peleándose por el mismo hombre en La malquerida que es, por cierto, una de mis más entrañables películas.
3.Dolores del Río reclamando y gritando a la Virgen de los Dolores en María Candelaria.
4.El final de Enamorada.
5.¿Pedro? saliendo de la correccional en busca de una vida nueva según el “otro final” de Los olvidados.
6.El sueño de la gallina, el bistec y el muerto en Los olvidados.
7.Dolores del Río en el descanso de las escaleras en Las abandonadas incluyendo la muestra de machinería mexicana de Armendáriz quien primero se porta muy hombre aclarando a los hombres del congal que el que se acerque a ella se muere pero se dobla diciendo al bizcocho: “¡Baje, por favor!”
8.La escena cuando el suegro rico corre a Dolores del Río en pleno lienzo charro en Flor silvestre.
9.El pueblo con antorcha bajando para darle chicharrón a María Candelaria.
10.La escena de las velas en Macario.

La frase de la semana es de María Candelaria:
“¡No, a mi marranita no me la quitan, primero voy a vender flores!”

lunes, 16 de abril de 2007

Examen de conciencia

Apenas surge un tema en el debate nacional y todos hablan, hablan y hablan. Si de verdad supiéramos la serie de salvajadas que decimos nos morderíamos la lengua. Óscar, uno de mis mejores amigos me dijo que era muy triste vivir en un país donde todos (sin excepción) se sentían capaces de gobernar, lo mismo podríamos decir acerca de hablar. Habló ya Roberto Gómez Bolaños diciendo que su madre optó por defender su vida; habló Paulina, no la Chica Dorada sino la joven de Mexicali, quien dijo que a ella le hubiese gustado el poder de decidir acerca del producto de la violación que sufrió. Hablan en los púlpitos, en los Vips, en el metro... tantos hablan que más de alguno debe sentirse confundido. En medio de tantas palabras las mías serán sólo algunas más en un tema tan espinoso. Les contaré algo. En mi estancia conventual era común rezar por las mujeres que se encontraban ante el dilema de abortar. La petición era siempre la misma: "Señor, te pedimos por aquellas mujeres que están pensando en abortar a su hijo, ilumínalas, dales a entender que deben proteger la vida e infúndeles amor hacia la criatura que llevan en su interior". Yo llegué a pedir eso alguna vez y debo decir que la usé cuando ya no se me ocurría nada para pedir. Nunca fallaba, tampoco pedir por los que no tenían un lugar para pasar la noche para que "una mano amiga" les ayudara. Estoy segura que Dios nunca nos escuchó. ¿Qué podíamos saber nosotras de realidades tan ajenas? Sin embargo, sonaba muy bonito. Hablábamos porque era nuestra obligación hablar, aconsejar, pensar en un mundo hermoso donde "nada podría hacerte más feliz que tener un hijo". Después de tantos años creo que hablar por otro, pedir que el otro sea como yo, desear que respete lo mismo que yo, pretender que Dios está de mi parte fue un error mayúsculo.

jueves, 12 de abril de 2007

¿Qué es el presente?

Algunos dicen que el presente no existe porque es inasible. El presente sería el segundo que se vive o se respira pero se es consciente de él hasta el segundo siguiente. Luego, el segundo acerca del cual reflexiono ya es pasado. Esta idea suena hiperbólica porque lo es. ¿A quién le interesa atrapar el presente?, ¿saber dónde empieza o donde termina? A mí. Al menos por hoy. Para mí el presente es la experiencia artística, la contemplación, el acto de conciencia, la acción que se hace mientras se reflexiona en ella. El presente es también una ilusión, la que nos dice que tenemos control de las cosas. Es la pureza porque sólo en él se encuentran en su estado natural el "te quiero", el "te odio", el "soy", el "estoy seguro" y más. Es la evasión porque sólo a veces se deja atrapar. El presente es la actuación sin parlamento, el lapsus brutus, los actos fallidos de los que habla Freud, la culpa del transgresor. Es el dolor agudo, el pinchazo con las espina, el piquete del alacrán, la mano que sale de la tumba, la corriente que eriza los cabellos; por esto el presente es el terror, el clímax de la obra teatral. El presente es la condena de la repetición: otro Jesús ofreciendo la otra mejilla, un Odiseo cegando a Polifemo, otro Abel sangrando en el desierto, otro Dios muriendo en la mente de los hombres. ¿Será el presente el título exacto para un libro?, ¿será el poema que hace dormir al lector placidamente?, ¿será la tilde en la vocal?

miércoles, 28 de marzo de 2007

Sonata para los hombres buenos

Dos motivos me impulsaron a ver La vida de los otros (Das Leben der Anderen): escuchar alemán y ver si la cinta de Florian Henckel-Donnersmarck superaba a El laberinto del fauno de Guillemo del Toro ya que prácticamente le arrebató el Óscar. Hay que decirlo: la película es muy buena. El guión combina la inteligencia, el suspenso y la fuerza dramática. La cinta tarda en arrancar, los primeros minutos son incluso asfixiantes, pero cuando se aborda la transformación interior del protagonista el argumento se vuelve interesantísimo. El protagonista es Wiesler, un agente de la Stasi (Policía Secreta del regimen comunista de la RDA). Wiesler es un hombre que apenas tiene vida privada: vive solo en un piso y recibe, a veces, la visita de una prostituta. En la Stasi es reconocido por sus cualidades de coacción y chantaje en el interrogatorio y cuando se le encarga monitorear a un dramaturgo llamado Dreyman emprende su tarea con la disciplina y frialdad que lo caracterizan. En una cabina escucha todo lo que sucede al interior del departamento del escritor gracias al sistema de micrófonos que su equipo previamente instaló. Sin embargo, el contacto con la vida íntima de Dreyman y sus allegados termina por seducirlo y si tenía órdenes de dar a conocer cualquier acto de traición al sistema, Wiesler oculta todo lo subversivo a los superiores y se convierte en una especie de ángel guardián del escritor y de su esposa.

Cuando existe un sistema represor como el que retrata la película se crean historias de las cuales surgen los traidores, los miedosos y, sobre todo, los héroes. Wiesler es un convertido, un nuevo Pablo que pasa de ser un efectivo perseguidor a un devoto defensor. Los catalizadores que permiten su conversión son el amor, el valor y la libertad. Conocer tan de cerca las preocupaciones, las pasiones y los sueños de alguien puede modificar la vida a grados que uno nunca imaginó. La visión es, por supuesto, esperanzadora, quizás por eso sea Das Leben der Anderen sea tan atractiva. A pesar de todo creo que El laberinto del fauno tiene la cualidad de que puede condensar en una historia todo un universo donde luchan el bien y el mal. La idea de que convergen los mundos de la fantasía y la realidad en un ser tan receptivo como un niño no sólo está presente en la última cinta de Del Toro sino en otras de sus películas. Recientemente vi un capítulo de su serie televisiva Hora marcada titulado “De ogros” el cual comparte muchos elementos con El laberinto... En dicho capítulo una niña no tiembla ante un hambriento ogro pero sí lo hace cuando corre para salvarse de su padre alcohólico. Lo que hoy resaltaré es que en estas obras la realidad sí es aplastante y que los monstruos que crea la imaginación no son (ni por asomo) tan temibles como podemos ser los seres humanos transformados en lo peor de nosotros mismos.

En La vida de los otros Dreyman toca para un amigo muerto la pieza para piano “Die Sonate vom guten Menschen” (La sonata para los hombres buenos). Si hay algo que uno puede encontrar al ver las dos películas que hoy comenté es una galería de personajes que te dan cierta esperanza de que hay “gente buena” en un mundo que a veces se torna insoportable.

viernes, 23 de marzo de 2007

El niño del cartón


¡Chamacos mugrosos! ¿Quieren que les cuente un cuento? ¿No? ¡Pues me vale! Esta historia me la contó un colega que trabaja allá por Jalalpa. Se trata de la verdadera historia de Emiliano, mejor conocido como El niño del cartón. Su padre era Gepeto, un artesano que hacía judas de cartón y muñequitos de Fox para quemarlos en Semana Santa. Todo iba bien pero el Gepeto empezó a juntarse con una bola de borrachos perdidos igualitos a sus papás, chamacos. Tanto lo enviciaron que el vecindario empezó a llamarlo el Gepedo. Y mientras el vicio se lo chupaba, lo que se puso de moda fueron los muñequitos y muñequitas pero de plástico que se infla y no eran para quemarlos sino para quemarse. ¡Órale! Revisen el closet de sus papás y verán que no miento. El Gepedo seguía chupando desde que le amanecía hasta que anochecía. Total, una noche llegó hasta las chanclas, traía tanto alcohol que ya tenía esterilizado el aparato digestivo. Y así de pedote se puso a hacer un muñeco de cartón. Ustedes deben saber más de eso porque cuando los hicieron sus papás estaban bien borrachos. ¿O no? Le quedó tan bonito el muñeco que Gepedo no lo quiso quemar y le puso Emiliano. Esa madrugada llegó un hada azul y lo convirtió en un niño de verdad. Lo único que se le quedó de muñeco fue el carácter porque era callado callado, chamacos, así como deberían ser ustedes. Cuando el Gepedo lo vio juró que ya sólo iba a chupar cada tercer día para no darle malos ejemplos a su hijo. Pasaron los años y Emiliano trabajaba como repartidor de Bimbo y de la Coca-Cola y una noche mientras Emiliano esperaba al borrachales de su padre entró a su casa la Colorida, su vecinita de la vecindad. Era una apetitosa mujer de respetables influencias. Ella le dijo que era su nueva hada madrina y que Emiliano dejaría de ser el niño para convertirlo en un hombre de verdad. ¡Órale¡ ¡No, chamacos pulguientos! ¡Eso fue de puro prau prau! El Emiliano no se la acababa…ni se la acabó. Al día siguiente, ya convertido en un hombre de verdad, el Emiliano dejó su chamba de repartidor de refrescos y ahora acompañaba al repartidor de cervezas y como siempre llevaba sus cartones al hombro le pusieron el niño del cartón pero… de chelas. En su nueva vida hasta se olvidó que tenía padre porque madre pues nunca tuvo. Y el Gepedo nunca volvió. Ahora se dedicaba a la repartición y a regentear a la Colorida mis chamacos. Se hizo re’popular entre las nenorras y en las fiestas siempre llegaba con su cartón de chelas bien frías. Eso sí, lo único que no se le quitó fue lo callado. Ninguna de sus hadas madrinas le dio facilidad de palabra. Parecía autista, chamacos, no que ustedes parecen unas chachalacas neuróticas. Nomás llegaba con su cartón de chelas y se ponía a chupar y a chupar. No decía ni pío. Sus amigos ni se daban cuenta cuando se iba o cuando llegaba. Precisamente por eso las chamacas lo querían más. Y la verdad no sé en qué termine la historia porque El niño del cartón de chelas está todavía vivo celebrando sus 30 años y el muy ladino no me invitó. Pero mientras, ¿quieren saber la moraleja de esta historia?, ¿quieren saber la moraleja de esta historia? ¿No? Pues me vale, hijos de su mal dormir. Ahí les va. ¡Escuchen!

¡Más vale ser el niño del cartón que el niño sin amor! ¡Orale!

jueves, 15 de marzo de 2007

Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre


Juana de Arco. El corazón del verdugo de María Elena Cruz Varela ganó el Premio de Novela Histórica Alfonso X, el Sabio 2003; premio que al parecer goza de gran prestigio en España. En aquélla, se cuenta la historia de una mujer a quien se le pide elaborar una novela acerca de Juana de Arco. Mientras realiza la investigación histórica de rigor, la escritora vive una etapa de improductividad literaria lo cual se suma al hecho de que en el terreno personal enfrenta una segunda etapa en su matrimonio y como segundas partes nunca fueron buenas (reza el refrán) la novela se escribe a la par del ocaso de la relación. Por eso algunos capítulos hablan de este tema y otros cuentan la historia de un grupo de frailes que se ven envueltos en una gran intriga: veintiún años después de la ejecución de Juana de Arco, aquéllos descubren que existe un manuscrito en el cual donde se cuenta en detalle las perversiones hechas al proceso inquisitorial practicado a la joven campesina de Orleans. Cuando dichos frailes descubren el complot, huyen para poner a salvo dicho manuscrito y son perseguidos, por supuesto, por los creadores del engaño quienes desean recuperar todo documento que los incrimine.


A pesar de que la novela juega bien con la idea de la metaficción (el texto que se escribe a la par de la lectura) y de que, cuenta la historia de una escritora que se ve interpelada continuamente por el tema que desarrolla, la novela es francamente olvidable. Parte del fracaso radica en el hecho de que Juana de Arco es la gran ausente; además, el juego del manuscrito perdido, protegido y sacado a la luz para que se imparta justicia es una buena historia pero ha sido ya muy gastada en otras novelas con mayor o menor éxito. Quizá lo que sucede en realidad es que algunos anhelamos más historias que intenten profundizar en el interior de nuestras figuras amadas, de nuestros santos amados.

Santas y santiguados




La santa de San Luis de David Ojeda es, sin mayores preámbulos, una buena novela. Tengo el honor de contar con un ejemplar dedicado y el libro fue uno de los regalos más personales que he recibido. Desde mi condición de excreyente me siento identificada con el viaje a las entrañas de la fe y la religión tal como lo hacen los protagonistas. Pero no es mi mezcla de amor-odio con la religión lo que me hace ver las cualidades de esta novela. David Ojeda es un buen narrador, sabe combinar historias y llevarlas a término. La santa de… no es una apología de Concepción Cabrera de Armida, tampoco es una historia de intrigas que gira en torno a una mujer arrebatada de amor por Cristo. Para mí es una novela de aventura interior que muestra cómo el hombre encontrará en su camino a un Dios que toma diversas formas y colores, algunas veces será demandante y perverso, otras será lejano y despreocupado.

La novela dirige la atención del lector hacia San Luis Potosí, es decir, a la provincia moderna que cuenta con su propios referentes políticos, sociales y religiosos y su propia lógica en cuanto a amor, poder y religión se refiere. Una mujer santa para algunos pero loca para otros es el punto de encuentro y confrontación de dos hombres separados por un siglo de diferencia. El primero, Emilio Carrasco, va a San Luis en el siglo XIX para hacer un reportaje acerca de un acontecimiento sin precedentes: el vuelo de un globo aerostático en San Luis y el segundo, Juan José Macías, llega en el año 2000 a realizar un reportaje acerca de ciertas figuras políticas del San Luis actual. Lo que empezó como una visita de rutina se convertirá, para ambos, en una etapa muy importante. Emilio Carrasco se quedó en San Luis por varios años hasta que, sintiéndose incapaz de continuar su matrimonio con una sanluiseña, regresa a la capital del país. Juan José Macías será prácticamente corrido por el marido de Noemí, una mujer con la cual obtiene recompensas imaginadas: el sexo, la confianza y la serenidad. Para Emilio Carrasco, Concepción Cabrera de Armida (recientemente elevada a los altares por el Vaticano) es una mujer perturbada por un exacerbado deseo religioso. Hay una gran distancia entre el sentido pragmático de Emilio y las efusiones místicas de Concepción, como sólo son parientes políticos esto no es un problema hasta que la “santa” contagia a la mujer de Emilio de sentimientos fervorosos y fanáticos. Mientras Adelaida de Carrasco se acerca a Dios, se aleja de su marido. Para Juan José Macías, el encuentro con Concepción Cabrera es diferente, al entrevistarse con figuras de poder en San Luis, el reportero se encuentra con un reducido grupo de sacerdotes quienes no dejarán de hablar de la “santa”. El encuentro de Macías con los religiosos y con Dios lo lleva a recordar sus juveniles deseos de ser sacerdote y su relación con Mara, la mujer con la que procreó un hijo enfermo.

En ambos casos, la mujer es la que cumple el papel espiritual, tanto Mara como Adelaida quieren infundir en sus maridos el sentimiento religioso que a ellas les permite vivir en paz. Son las nuevas Evas que dan de comer a sus hombres de un fruto que no resulta ser tan apetitoso. La religión guarda en medio de su aparente inocuidad un potencial de peligro. Quien quiera entrar en los dominios de la fe debe renunciar a sí mismo y a sus mujeres, sacrificio que los hombres de esta historia no están dispuestos a hacer. Algunas partes de la novela son transcripciones del diario de Concepción Cabrera, en sus escritos podemos ver a una mujer que sólo desea encontrarse con Dios, él es el modelo con el cual mide todas las cosas. La suya parece, entonces, una misión personal con la cual sólo ella podría entenderse, sin embargo, toda acción divina tiene consecuencias y la experiencia religiosa de Concepción se propaga alrededor suyo y determina a los que están cerca. Es arriesgado decir que la mística tiene un lado siniestro (aunque quizá ser verdad) pero sí puedo decir que ésta, al menos, no pasará en vano. Para terminar cabe mencionar que Noemí, a pesar de aparecer tan poco, es uno de los personajes más interesantes. En ella parecen reconciliarse la religión y la condición humana. Porque si uno no puede hacer un pacto tal qué puede esperar de dos amos tan exigentes.

jueves, 8 de marzo de 2007

Fotos





Publico algunas fotos que la gloriosa fotógrafa Tristana tomó y compartió con el resto de los mortales.

8 de marzo

En mi trabajo, un grupo de estudiantes animados por un profesor regalaron a las maestras y alumnas una rosa, símbolo de reconocimiento a la valía de la mujer en nuestra sociedad. He de confesar que no soy fan del Día Internacional de la Mujer porque es una fecha que se está cargando de connotaciones políticas y sociales pero no de un debate serio y responsable. Ante la rosa, escribí este soneto:

Por ser mujer, sólo por eso, una rosa
se me ha dado. Por un día del año
se me pide olvidar pena y daño
y hacer celebración estruendosa.

Feliz no me hace el gesto y a quien osa
felicitarme no ofendo. No me ensaño.
Ante el gesto social, vacío y tacaño,
tomo (¿¡cual mujer!?) salida decorosa.

Si rechazo el honor soy feminista,
si tolero soy manipulable.
Pero mil veces prefiero ser vista

no como un objeto evaluable.
Pues mañana no estaré en la lista,
seré mañana materia desechable.

viernes, 9 de febrero de 2007

Apocalypto


A pesar de que expertos en la materia han dicho que Apocalypto de Mel Gibson cae en garrafales errores históricos, yo creo que es una buena película. Para los historiadores, por ejemplo, la lengua en la cual está hablada la película no es maya o algún dialecto conocido, además, dicen que la cinta representa a los mayas como una población enajenada con el temor hacia los dioses y ávida de sacrificios humanos. En mi horizonte de expectativas nunca esperé verla como vía de conocimiento académico acerca de la cultura maya, creo que para eso hay ya suficientes libros de texto y documentales. Esperaba, eso sí, una épica de “hollywoodescas” proporciones acerca de la conquista de Mesoamérica pero la historia sencilla y personal me satisfizo completamente. La cinta ha sido comparada con La pasión de Cristo porque en ambas hay profusión de sangre derramada y están habladas en otras lenguas (arameo, latín y maya).


Por otro lado, hay que decir que la música y el diseño de arte son estupendos. Apocalypto es la historia de Garra de Jaguar (Rudy Youngblood), un joven que llevado a otras tierras, debe liberarse de sus captores para volver a su hogar; si en otros lugares supo aprovechar las oportunidades que el azar le brindó para liberarse, ya en su tierra debe tener más poder aún para defenderse e iniciar un nuevo comienzo.


Toda la cinta parece estar en sintonía con textos como La visión de los vencidos porque refleja los mismos sentimientos de impotencia y tragedia que viven quienes ven desmoronarse todo su mundo. También parece que los guionistas se hubiesen documentado con el Popol Wuj y el Libro del consejo porque no dejaron escapar aspectos de vital importancia en las culturas mesoamericanas como la fertilidad, el rol de los ancianos y de los padres en la enseñanza de las nuevas generaciones, la tradición oral y los deberes del joven hacia la comunidad. Tan sólo por ver esto (que tantas veces hemos leído) en una película vale la pena olvidarse un poco de las formalidades de la historia.

jueves, 8 de febrero de 2007

Buen sabor de boca


Algunos investigadores del cuento afirmaban que el cuento mexicano es, esencialmente, triste; lo mismo se ha dicho del cine... Fuera del cielo del director Javier Patrón se inscribe en la lista de cintas mexicanas que dejan una sensación de sordidez y desencanto. Por eso, la película no gustará a quienes deseen salir de la sala de cine sonrientes y revitalizados por un final feliz. A mí me dejó un buen sabor de boca y no porque me guste el cine como medio de depresión, sino porque la historia, aunque intensa, no pretende señalar culpables, crear conciencia social y menos convertirse en la "cebollita para llorar" de los espectadores.

El cuadro de actores hace bien lo suyo: Damián Alcázar tiene una excelente interpretación aunque su papel sea secundario; Dolores Heredia, Armando Hernández, Demián Bichir e, incluso, Martha Higareda, son muy convincentes. La historia principal es la de el Marlboro (Bichir) quien, al salir de la cárcel, se dirige a visitar al puñado de personas que tuvieron que ver con él antes de su aprehensión. Entre ellos se encuentran familiares, amigos y, sobre todo, enemigos. Su hermano, el Cucú (Hernández), es un joven boxeador que necesita pelear contra todo para sentirse protegido; carente de figura paterna, el Cucú ve en su hermano el modelo que desea emular, aunque no con mucho éxito. Además, la hija de un importante senador se entera que pronto morirá de un cáncer fulminante y una jovencita desea despertar a la sexualidad a través de el Marlboro, el antiguo amor de su madre.

Casi parece costumbre que una película mexicana dos sectores sociales (el de los fresas y el de los jodidos) se enfrenten y se determinen unos a otros, lo que me gusta es que su encuentro es circunstancial y entre ambos no surge el típico intercambio de enseñanzas morales que puede haber entre grupos tan diferentes. Empatados por la misma sensación de tristeza, estos seres transitan por el centro de la Ciudad de México sintiéndose muy lejos de la felicidad tal como la imaginaron o como les dijeron que era.

martes, 6 de febrero de 2007

El perfume de Tom Tykwer



Calificada por muchos como una novela fascinante, El perfume. Historia de un asesino es para mí, un texto que muestra la teoría de que las esencias aromáticas disponen y/o llevan al hombre hacia el amor, el odio y la lujuria, entre otras pasiones más. Su protagonista, Jean Baptiste Grenouille, es un joven francés del siglo XVIII que posee un don excepcional: un olfato privilegiado el cual se vuelve su medio de comunicación con el mundo. Caracterizado como una figura grotesca y carente de olor propio, Grenouille infunde miedo y recelo a todos y, empezando por su propia madre, quienes se deshacen de él mueren trágicamente. El punto central que adelanta el subtítulo del best sellers de Patrick Süskind es que Grenouille se convierte en un asesino porque, embelesado por el olor de bellas jovencitas, tiene que asesinarlas para someter después a los cuerpos a un proceso que le permitirá preservar en unas gotas la esencia de cada una de ellas. Grenouille logra crear con las esencias de trece mujeres un perfume que le permite salvarse de la muerte. Todos sus anteriores acusadores se dejan “hechizar” por ese único olor que los dispone a disfrutar del sexo y la felicidad. El ego femenino se siente adulado cuando se le relata que en esta novela un hombre quiere poseer la belleza de la mujer en un frasco. Después de leer a Süskind creo que es el aroma lo más semejante a lo que hemos pensando que es el alma y que la captura de ésta es una ambición espiritual.

La adaptación cinematográfica de Tom Tykwer es muy fiel a la novela pero yo tengo dos puntos en contra. En primer lugar, la cinta se extiende por poco más de dos horas, mismas que son acompañadas frecuentemente por una voz en off que cumple con la función de llenar en los espectadores los vacíos de información que podrían quedarles. En lo personal creo que se pudo prescindir de muchas de las intervenciones de esta voz. En segundo lugar, me decepcionó la forma con la que se representa el supuesto poder de los perfumes para crear ambientes. El director tuvo que recurrir a la misma técnica que usan los comerciales del limpiador de pisos Maestro Limpio y de los aromatizantes Glade. Sabemos que en un comercial común, cuando las personas perciben una agradable fragancia se ven envueltos en un lugar lleno de flores, de árboles o de frutas exóticas. Ésta representación ha sido el arma publicitaria más usada por las compañías perfumeras.

Por otro lado, es necesario hablar de las características que a muchos espectadores resultan ajenas, inverosímiles o exageradas. Pensar que una persona tenga cualidad para percibir los aromas es para muchos una presunción, que pueda crearse un perfume que convierta a los hombres en seres desprovistos de razón y de albedrío es exagerado, éstas son, finalmente, las licencias a las que todo autor tiene derecho. Lo importante es que al interior de la novela todas estas rarezas se justifican.

martes, 30 de enero de 2007

Otra mujer de verdad




Ayer vi en casa Las mujeres verdaderas tienen curvas, película de Patricia Cardoso. En ella Ana (América Ferrara), una joven de origen mexicano, debe decidir entre entrar a la universidad o seguir el rumbo que su madre espera de ella, es decir: trabajar por horas en una maquiladora, llegar virgen al matrimonio, atender a los hombres de la casa, obedecer sin replicar, etc. La madre (Lupe Ontiveros), quien ya interpretó otro papel de madre mexicana dominante en la serie Desperate Housewives, cree hacer todo por el bien de su hija puesto que sus referentes culturales sólo le permiten ver que la misión de una buena madre es llevar a sus hijas por el mismo camino que ella cruzó en su juventud. Aunque los padres terminan por apoyar, o al menos, por no interferir en los deseos de Ana, no es con ellos con quienes la joven tiene conexión espiritual sino con el abuelo y con la hermana.

En el verano que antecede a su entrada a la universidad, Ana sale (a escondidas) con un ex-compañero de la escuela, hecho que la ayuda a valorar su cuerpo y a dejar de preocuparse por su sobrepeso. Por cierto, el cuerpo y la ropa son las referencias más interesantes de la película. De las mujeres que trabajan horas en una maquiladora o que han aprendido que sólo deben vivir para los demás sin preocuparse por su salud, se esperará que sus cuerpos lleven huellas de estrías, cicatrices de cesáreas, celulitis y rollitos e grasa, sin embargo, ésas también son mujeres verdaderas. Ana aprende que una costurera puede maravillarse con los vestidos que confecciona pero que se entristece al saber que no lo hizo para ella sino para otra mujer. La gran enseñanza es que si hay una traje a la medida de cada quien (léase destino, sueños o metas) éste debe ser confeccionado por el mismo que lo usará.

sábado, 27 de enero de 2007

Todos somos profes

Frente a la amenaza de la no recontratación, hice uno de mis cada vez menos acostumbrados actos de conciencia. Diré que el resultado me presenta a un ser que a veces no reconozco en mí. Es como si hubiese soltado a Mr. Hyde por varios meses y que éste ahora amenace con no irse. También me he dado cuenta que el verdadero pecado capital de la humanidad es la soberbia y que debería ser el otro -o sea todo aquél que no sea yo- la verdadera medida de todas las cosas. Como mis culpas son tan grandes hablaré esta vez de una que ocupa mi pensamiento: mi trabajo. Recientemente, en una de las juntas generales de la prepa donde trabajo se discutieron ciertos temas en los cuales se esperaría tener más consenso y menos diferencias. Ante el cuestionamiento acerca de que nuestros métodos, visiones, disponibilidad y profesionalismo han sido llevados a un extremo que no beneficia a los alumnos sino a nuestros egos y deseos de conseguir o mantener el poder, me entristecí viendo que muchos, en mayor o menor grado, actuamos como si nuestra calidad personal y profesional sólo pudiera ser medida por lo que hacemos en esas nueve horas de jornada de trabajo. Además, en dicha junta fue sintomático el comentario de una colega, en él preciso que ella no era una historiadora sino una profesora de historia. Superando la intención que tuvo al emitirla y la serie de comentarios sarcásticos que algunos hicimos de su afirmación, me interesa decir que todos podríamos dejar de ser físicos, músicos, matemáticos o literatos para ser sólo profesores y ejercer la tarea que tenemos sabiendo que el otro es, como yo, un profesor. Sin embargo, el cuadro nunca será tan bello. En la mente y la lengua de cada miembro del profesorado existen muchas ideas que siguen marcando diferencias abismales, sólo hablaré hoy de tres puesto que el camino es largo y como profes andamos en él:

• Duda del origen. Aún existe entre el cuerpo de profesores la idea de que es muy importante la forma por la cual llegamos a nuestro respectivo puesto. Por supuesto, los que llegaron por el camino normal señalan a los que llegamos por el camino fácil puesto que nosotros sólo recibimos una especie de “premio” porque hicimos favores personales, políticos, sexuales, económicos, etc. Esto aplica, también, a la idea de que muchos consideran que eres mejor si saliste de cierta universidad de prestigio…
• El “buen maestro”. Generalmente cada profesor hace el esquema de lo que es un buen maestro y éste será siempre un modelo a escala de lo que es él mismo. En este caso la lista de tipos es larga: el que aprueba a muchos alumnos, el que escucha sus problemas, el que siempre llega temprano, el que apenas pasa a un 10 % de alumnos, el que grita más fuerte, el que nunca habla, el que hace eventos a cada rato, el que nunca hace eventos, el que se disfraza de Barney para atraer su atención, el que nunca los ve pero los estudia estadísticamente, etc.
• La relación interpersonal. Para los que no fuimos al kínder (léase que no aprendimos a interactuar muy bien que digamos) es muy difícil hablar con el otro. De nuevo, más que nombres tenemos tipos de profes según su manera de relacionarse: el que siempre dice lo que piensa, el que pregunta asuntos obvios en las juntas, el que dice no entender los puntos que se tratan (los entiende pero no quiere verse mal diciendo que no está de acuerdo), el que piensa en sus hijos, en el coche o en las cuentas mientras los demás hablan, el que no se aparece en las juntas, el que sonríe a todos, el que siempre tiene que hablar para sacar de la confusión a los demás, el que se opone a todo, el cool que decide que nada debe opacar la buena voluntad, etc.

martes, 16 de enero de 2007

Deuda con el pasado II

“Vosotros, entrando en la bien labrada mansión,
sacrificad al punto el mejor de los cerdos
para el almuerzo; y yo iré a probar si mi
padre me reconoce al verme ante sus ojos,
o no distingue quién soy,
después de tanto tiempo de hallarme ausente”
La Odisea
En cada una de sus visitas a casa quiso ser otras personas. No sé cuántas. Ellos seguramente lo recordarán mejor. Otras personas, dijo, pero siempre insegura. A mí no me engañó ninguno de sus disfraces. Llegó un fin de año como modelo de Cosmopolitan Magazine ostentando un gran bolso de viaje y maquillaje caro. Ya no hicieron en casa ceremonias religiosas. Las largas noches de arrullo del Niño Dios y de la cena megafamiliar habían pasado. Ahora dos ancianos, dos adultos agotados y tres adolescentes no se interesaron en repetir los rituales familiares. Esa noche cenaron hot dogs y sus tacones se hundieron en el lodo del corral mientras caminaba hacia la cocina.

Tenía una frase en la cabeza en su visita de Semana Santa. Trajo una cantidad de libros que ni en sus épocas de lectura obsesiva pudo leer. Tocó tres y hojeó uno. El resto ni los miró. No pagaron en casa el cable así que sin televisión la ansiedad le creció en grado extremo. Terminó en pleito con su madre, quien, por cierto, no deja de llorar y olvida siempre tomarse las pastillas para la presión y la circulación. No quiere operarse porque tiene miedo de morir.

En las vacaciones de verano quiso ser la hija comprensiva que ayuda en la crianza de los hermanos menores y que se preocupa por los viejos. Pero como les dio tantas atenciones se hicieron más dependientes. Tuvo que volver a marcar su autonomía gritando. No sabe usar otro modo.

Un sueño...todo el mundo tiene los suyos.

Es muy común que la gente relate sus sueños. Común para quien les gusta compartirlos, pues sé que no todo el mundo lo haría. De todos los sueños raros, voluptuosos, sexuales, intrascendentes y fumados que he tenido, decidí relatar el hecho de que me encontraba sentada en un lugar indeterminado cuando me llevaron un gato herido. Ya saben que en los sueños uno siempre sabe más cosas de las que pasan en realidad. Ahí estaba, sabiendo que el gato que tenía en las faldas vivía en la calle, confiando en las manos que me lo daban. Sangraba por la cabeza y se encontraba ya suelto, casi muerto. Lo tocaba por la cabeza haciéndome a la idea de que estaba mal. Recordé, porque para eso es la memoria, que podía parar la hemorragia si presionaba con los dedos lo suficiente. Él se retorcía de dolor, cada vez que lo hacía. De repente había más personas alrededor mío y todas me miraban mal preguntándose por qué hacía eso. Dije que era por su bien, que si no lo hacía podía morir, pero no dije para ellos sino para el gato. Casi milagrosamente la cabeza se seca y un pequeño agujero irregular se ve seco, palpitante, pero vencido.

martes, 9 de enero de 2007

El instinto destructor en La consecuencia de los días de Rubén Don

Lo que muchos hemos querido hacer en un impulso tanático, Rubén

En su primera novela, Ruben Don (México, D.F., 1977) ha realizado lo que algunos quisiéramos hacer en algún impulso destructor: imaginar una Cuarta Guerra Mundial (que comenzó con la destrucción de las Torres Gemelas y que terminó en la invasión del territorio de los Estados Unidos) y esperar el fin del mundo en el centro de la Ciudad de México, el ombligo del mundo. Todo esto en la novela La consecuencia de los días con la cual ganó el Primer Premio Nacional de Narradores Jóvenes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México en el 2005.


La novela aborda el tema de la creación literaria, por cierto punto de interés en un número no reducido de obras. El joven protagonista cuenta los problemas que tiene para escribir una novela, se revela como su peor crítico porque aunque tiene un fuerte impulso por escribir, éste no es lo suficientemente eficaz como para mantenerlo escribiendo. De hecho cree que es muy joven para lograrlo: “A los veinticinco años todavía se es muy joven para tener elementos que te permitan contar tu vida”. El cuadro es más frustante cuando desde su ventana observa a un vecino que se afana horas y horas escribiendo. La situación Recuerda a Josefina Vicens porque la paradoja de esta novela es la misma que la de El libro vacío, es decir, se trata de la novela que se hace en la medida que se escribe y porque, al final, los narradores se encargan de contar lo que viven diariamente sin intención de hacer ficción.


Muchas mujeres son las que están cerca del protagonista, entre ellas hay una poeta, llamada por él “mi poeta”. Ella es un personaje simbólico porque no sólo se siente atraído por la belleza de la mujer sino de la seguridad que ésta proyecta ante la labor creativa. El romance nunca se concretiza y juntos forman una especie de amasiato fatal entre la poesía y la narrativa.

Mientras la inspiración o el coraje para escribir se presentan, el joven debe sobrevivir. Para eso se encarga de “rescatar libros” de las librerías de viejo, mismos que guarda o revende en un puesto improvisado en las calles del zócalo capitalino. Transitando por las calles el joven lleva su mochila de libros en la espalda y así parece un hombre pero con joroba.


De fondo aparece una guerra que involucra a casi todas las naciones y que inyecta de miedo el ánimo de todos, aunque cada uno tiene sus propias guerras. El miedo a la destrucción nuclear rompe con la tranquilidad. El escenario se vuelve más apocalíptico cuando muchos dejan la capital mexicana buscando sobrevivir en otras ciudades del inminente apocalipsis. Sólo un puñado de personas se queda a esperar el final.

Hay un interés generacional en la novela debido a la alusión de que los coetáneos y contemporáneos comparten los mismos problemas. Los personajes acostumbran preguntarse la edad entre ellos para saber con quién pueden identificarse. Valoro demasiado el interés de esta novela por mostrar las preocupaciones de su generación pero me inquieta la idea de que alguna generación se sienta propietaria de la soledad o del vacío. No he conocido un lugar donde se extiendan certificados de propiedad para la soledad.


Todo vuelve al centro. Después de años donde los lugares de interés en la literatura se desplazaron del centro a la frontera norte de México o al campo, se regresa al uso de un motivo geográfico: la plancha del zócalo de la ciudad de México y sus calles aledañas. Después de todo, parece que no habrá mejor lugar para morir que el mismo que ha sido señalado como el centro de origen de nuestra civilización. Ya sea porque el centro es un punto de encuentro con la historia, con el comercio formal e informal y con los plantones en el zócalo.

La consecuencia de los días es el hastío, la soledad, el sin sentido de la cosas. La guerra no viene en la novela más que a apresurar las angustía de todos. Al final, la guerra pasa y los defeños se involucran en el rol del ciudadano para emprender la reconstrucción. Cuando la tranquilidad regresa, el protagonista se encuentra deseoso de continuar su autodestrucción lejos de todos. Si la guerra no termina por matarnos siempre quedan otros caminos...